En la muy céntrica y salvenciana calle del Carmen había una vez 32 naranjos y 10 rosales que, por iniciativa propia, absorbían con gusto CO2 y, por si fuera poca virguería, devolvía al ambiente O2.
Pero la calle sufrió tal cantidad de sucesivas reformas que no quedaron ni naranjos, ni rosales, ni nada que se le pareciera lo más mínimo, y puesto que los coches seguían circulando por la calle, el CO2 pululaba a sus anchas buscando viandantes en los que incrustarse a tope.
Menos mal que un lumbreras, subvencionado por un consorcio europeo, inventó unas baldosas para las aceras de un nuevo material llamado cemento cacalítico, dotado de high capacity de air pollution absortion, y, aprovechando que el primer lote de superbaldosas era gratis por tratarse de una experiencia piloto, el ayuntamiento de Salvencia solicitó un lote para probarlo en la calle del Carmen, con tan buena suerte que se lo adjudicaron.
El día de la inaguración, al alcalde le faltó tiempo para decir que con esta experiencia piloto la ciudad iniciaba el magnífico camino que empieza en la Investigación, pasa por el Desarrollo y llega hasta la Innovación total, lo mires por donde lo numeromires.
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Ha pasado apenas año y medio de este acontecimiento y en la actualidad el ayuntamiento de Salvencia vive inmerso en una guerra a cara de perro que enfrenta al alcalde, que quiere privatizarlo todo, con la oposición, que quiere remunicipalizarlo todo. Cómo estará la situación que la huelga de recogida de basuras dura ya 21 hediondos días y mañana empiezan las fiestas patronales.
Con este buen rollo, no parece que el ayuntamiento vaya a comprar nuevos lotes de superbaldosas, aunque en realidad a nadie le importa un pimiento el asunto porque todo el mundo está hasta el cuello.
La asociación de vecinos y de comerciantes ya le dijo al alcalde que solo tenía que hacer la calle peatonal y plantar árboles, pero este no hizo caso. Por lo visto, la ciudad merecía más. Aunque la verdad no está claro qué más puede merecer la ciudad de Salvencia, cuando goza de uno de los atardeceres en la playa más espectaculares del mundo.
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Pese a todo, el consorcio europeo ha sacado unas conclusiones fascinantes del experimento piloto, y rápidamente han desechado las superbaldosas para centrarse en árboles de cemento cacalítico que también absorben CO2, como tienen por costumbre hacer, por iniciativa propia, los árboles de verdad.
Estos meses de verano ando trabajando en la biblioteca de un pequeño pueblo, y como resulta que no hay presupuesto para realizar actividades, el lugar languidece y las telarañas prosperan. Aun así, yo quería intentar algo para cambiar la situación, y una mañana me decidí a llamar directamente a Javier Pérez Reverte.
-Perdona que te moleste, Pérez Reverte, pero es que trabajo en la biblioteca de un pequeño pueblo y no tengo presupuesto para nada.
-Vaya, qué situación más desagradable. Cuánto lo siento, de verdad.
-Sí, es una pena. Estaba pensado que si tú...
-Por supuesto, cuenta conmigo para lo que sea. Las bibliotecas son armas cargadas de futuro.
-Sabía que podía contar contigo. Mi novia me decía que seguramente estarías muy ocupado.
-No te preocupes por nada, que te tengo en mis pensamientos.
-Entonces, ¿cuento contigo para que este verano te pases un día y hagamos unas actividades con la chavalería del pueblo y los parroquianos que se quieran apuntar?
-Imposible, este verano estoy ocupadísimo. Ahora mismo estoy con la presentación de mi último libro, con la presentación de una tienda online que he abierto con un colegui, y chico, está lo de Twitter, que me tiene enganchaíto. Ademas, piensa que eres el 3.024 que me cuenta esa película en lo que va de año.Vamos, que hasta 2018 imposible de todas, todas.
-No pasa nada, Reverte. De verdad, no te agobies, lo entiendo. Tú aprovecha el tirón que nunca se sabe cuándo vendrán tiempos peores, y oye, gracias por atender mi llamada.
-Ha sido un placer. Esta vida es una locura. No paro.
-Bueno, de todas formas te voy a nombrar escritor de la semana y pondré en el ángulo oscuro de la biblioteca, de su dueño tal vez olvidados, silenciosos y cubiertos de polvos, tus libros.
-Pues cambio y corto, y hasta la vista ciclista.
-Pues me las piro, vampiro.
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Menos mal que una nieta de Gloria Fuertes dijo que sí en cuanto le conté la problemática. Por lo visto su abuela siempre le decía que las bibliotecas eran armas cargadas de futuro, y a ella, aunque andaba un poco liada, le encantaba empuñarlas. De puta madre. Mañana mismo, en cuanto llegue a la biblioteca, voy a nombrar a Gloria Fuertes escritora del mes y a poner sus libros en la barra del bar de enfrente, para que de verdad estén con el público, porque ya se sabe: si el profeta no va a la montaña, tendrá que ser la montaña la que vaya a presentarle sus respetos al profeta.
El otro día me presenté a las elecciones municipales en el pueblo del que soy vecino desde hace 12 años, y puedo decir que fue una experiencia muy provecha, a pesar de que el resultado de mi candidatura fue un rotundo fracaso. De hecho, solo obtuve dos votos: el mío y el de Julia.
Pero no importa, al menos he demostrado que soy un demócrata, que participo en las instituciones, que respeto la soberanía nacional expresada en las urnas y que acepto, tranquilísimamente, el resultado de las mismas.
Sin embargo, cuando pienso en el programa electoral con el que me presenté a las elecciones, me sigue pareciendo muy atractivo y potente. Si no recuerdo mal, estos eran algunos de los puntos básicos:
- Utilizar el recinto de la plaza de toros para ampliar la biblioteca municipal, de manera que quien quiera toros se vaya al pueblo más cercano y quien quiera leer, tengo libros para aburrir.
- Utilizar el recinto del campo de fútbol para preparar de la manera más artesanal posible un compostero municipal en uno de los extremos, y en el otro, instalar unos hornos de leña para la elaboración de pan y bollería fina.
- Colocar macetones de estevia para uso y disfrute del público en general donde antes había parrillas para preparar la carnaza.
- Prohibir absolutamente el uso de pesticidas en todo el término municipal, bajo amenaza de recibir dos avisos por las buenas y un tercero por las malas malas, para asegurar que nunca, bajo ningún concepto, nadie vuelva a saltarse la prohibición.
- Cancelar la contrata privada del cámping municipal y ponerlo a funcionar como cámping municipal a la manera francesa: barato, limpio, silencioso y con personal local, legalmente contratado.
- Acabar con los vertidos repugnantes al río, aunque solo sea porque lo mires como lo mires, el agua es vida.
- Parar y desterrar para siempre el uso del cementoperro y los detergentelientes en todo el término municipal.
- Hacer todas las gestiones necesarias, diurnas y nocturnas, para dejar el pueblo totalmente fuera de cobertura.
- No aportar dinero de las arcas municipales para celebrar fiestas, ya sean patronales o del veraneante.
En definitiva, lo que decía mi eslogan de campaña: "Para qué conformarte, si puedes vivir de puta madre".
No pudo ser. El candidato del Partido Torpedo ganó las elecciones. Quizás porque había prometido ampliar la plaza de toros y el campo de fútbol, destinar una importante partida del presupuesto municipal a celebrar las fiestas como el pueblo se merecía, instalar micro-macro receptores para asegurar la cobertura total en todo momento, etc., etc., del mismo palo.
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Es cierto que un pueblo que cuida su entorno natural y se olvida de las infraestructuras difícilmente podrá transformar en dinero los recursos naturales de los que dispone, pero no debemos olvidar que esos mismos recursos naturales cubren las necesidades básicas de cobijo, manutención, abrigo, hoguera popular por las noches con bota de vino opcional, etc.
Por supuesto, en un pueblo que cuide su entorno natural hasta el punto de confundirse en él, ningún padre podrá regalar la Ploy Station a su hijo y tendrá que conformarse con verlo crecer sano, fuerte y con toda la energía de una bestia salvaje, al menos hasta que otra bestia más salvaje diga lo contrario.
Pero, también es cierto, para aquellos que piensan que un pueblo solo mejora si gana dinero, que un pueblo que cuida su entorno natural hasta el punto de confundirse en él, se convierte, hoy en día, en algo verdaderamente peculiar, que también puede ganar dinero a la manera que lo hace Bután: 300 dólares de visado por persona y día.
Por mi parte, yo creo que lo suyo es olvidarse del dinero, y que todo el que quiera venir a convertirse en musgo sea bienvenido. Solo en castañas, leche de cabra y agua tenemos para aguantar hasta que lleguen las aceitunas, las lombardas, las coliflores, las naranjas, pomelos y limones, hasta que lleguen los guisantes, las acelgas, los rábanos, y así de generación en generación como no podía ser de otra manera.
Está demostrado que los cuernos de rinoceronte no tienen ningún poder vigorizante para el género humano, y que por mucha sobredosis que te metas nunca podrás alcanzar el planeta Satúrpiter impulsándote con tus propias manos. Aún así, la demanda sigue creciendo y se llegan a pagar 58.000 euros por kilo.
Lógicamente, cada vez quedan menos rinocerontes, y la posibilidad de que el lunes que viene desaparezcan es tan real como que el domingo por la tarde ya no quede ninguno. En cualquier caso, ¿alguna solución habrá?
Y claro que la hay, cualquier rinoceronte la sabe.
Pero, en realidad, el problema no es que los rinocerontes desaparezcan como especie, sino que desaparezcan como fuente de ingresos. Y la solución humana consiste en llevar a la práctica el concepto de desarrollo sostenible. Es decir, granjas de rinocerontes donde no les falte pienso, tengan la supervisión de veterinarios y operarios y, a su debido tiempo y cumpliendo las máximas garantías sanitarias, se proceda a seccionarle el cuerno por el lugar adecuado para que vuelva a crecer. Además, estas granjas crean empleo en la zona y ayudan a reducir el furtivismo.
Los rinocerontes no lo saben, pero, una vez que se pone en marcha, el desarrollo sostenible resulta imparable. Lo último que he oído sobre el tema es que ya hay laboratorios que están investigando para conseguir una inyección que le dé marcha a la hormona de crecimiento del cuerno, con el objetivo de multiplicar el beneficio económico por animal.
1.
Nosotros, junto con otros amigos, empezamos un Mercado de la Tierra con frutas y verduras ecolocales un año antes de que empezara la crisis. Y aunque siempre fue una actividad minoritaria, acudía un grupo muy variado de personas dispuestas a contribuir con una bonita suma de dinero y una sonrisa. Cada sábado que montábamos el mercado conocíamos a varios profesores de Biotodo y parejas de la capital dispuestas a venirse a vivir al pueblo cualquier día de estos. Y todos decían lo mismo: "Cada vez hay más gente concienciada de la importancia de la ecología".
Cuando de verdad empezó la crisis, el comentario que más escuchábamos en el mercado era: "Ahora la gente se dará cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes".
Últimamente, apenas se ven profesores de Bionada ni urbanitas de visita por el mercado, y el variado grupo de personas que acudía al principio ha quedado reducido a un grupo de amiguetes.
Parecía que con la crisis la gente iba a tomar conciencia de lo que era verdaderamente importante, y resultó que las Bioclases, consumir productos ecolocales y venirse a vivir al pueblo no lo eran.
2.
Nosotros, junto con otros colegas, empezamos un Mercado de la Tierra con verduras y frutas ecolocales, y aunque siempre fue una actividad minoritaria, acudía un variopinto y nutrido grupo de personas dispuestas a contribuir con una bonita sonrisa y un dinero precioso. Cada sábado que montábamos el mercado teníamos la suerte de conocer a varios profesores de Biotodo y a parejas de la capital dispuestas a venirse al pueblo el próximo jueves. Y todos decían lo mismo: "Cada vez hay más gente concienciada de la importancia de la ecología".
Cuando empezó la crisis de verdad, el comentario más escuchado en el mercado era: "Ahora la gente se dará cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes".
Últimamente, se ven cada vez más Bioprofesores por el mercado, y un elevado porcentaje de urbanitas de los que se querían venir al pueblo se ha venido, por lo que el variopinto y nutrido grupo que acudía al mercado desde el principio ha crecido espectacularmente.
Parece que con la crisis la gente se ha dado cuenta de lo que es verdaderamente importante, y resulta que las Bioclases, consumir productos ecolocales y vivir en un pueblo sí lo son.