domingo, 24 de abril de 2016

Una planta de lo más misteriosa

El otro día estaba ojeando el periódico
sentado en el banco de un parque cercano 
mientras miraba distraídamente el paso
de los bonitos pantalones minifalda de un señor mayor,
cuando reparé en una pequeña planta
que no tenía por qué estar allí.

Sin pensar si hacía bien o muy bien,
valiéndome de una herramienta muy útil
que siempre viene conmigo, pude sacarla
con tierra y raíz y llevármela a casa.

Desde entonces, intento descubrir
qué planta es, sin el menor éxito.

Las hojas parecen de albahaca,
el sabor es dulce como la estevia,
huele descaradamente a tomillo
y en bolsas de 10 gr te la quitan de las manos.

Si por casualidad conoces la planta de la que te hablo
y me quieres escribir ya sabes mi paradero,
somos Gente Lombriz y eso que se alquila ahí es un trastero.

martes, 12 de abril de 2016

La escasez y la abundancia


Mi madre no sabe escribir la palabra ecologista. Quiero decir que tres de cada dos veces la escribe con h (hecologista). Aun así, cada vez que sale de casa a hacer la compra, lleva una bolsa de tela confeccionada con sus propias manos.

Por mi parte, yo, que sé escribir ecologista en varios idiomas y dos lenguas muertas, casi siempre que voy a hacer la compra vuelvo con varias bolsas de plástico.

La generación de mi madre tuvo que afrontar el reto que suponía vivir en la escasez, y ante la necesidad concreta de una bolsa, respondió haciéndosela ella misma.

Mi generación tiene que afrontar el reto que supone vivir en la abundancia, y ante la necesidad concreta de una bolsa, responde usando y tirando una bolsa de plástico más.