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martes, 17 de abril de 2018

Cómo hacer oleato de caléndula

Este año la primavera está tardando en llegar, pero en los pocos días de sol que hemos tenido hasta ahora, hemos podido recoger las primeras caléndulas para fabricar un estupendo oleato de caléndula. En este vídeo te explicamos cómo hacerlo y para qué puedes utilizarlo. ¡Esperamos que te guste!



miércoles, 19 de abril de 2017

Hoy es un buen día para hacer alcohol de romero

El alcohol de romero es un remedio muy útil que nunca debe faltar en el botiquín de casa. Personalmente, lo utilizo contra los malditos sabañones, para masajear músculos cargados y proporcionar calor rico a ciertas partes del cuerpo que se me quedan frías. 
En este vídeo os mostramos cómo hacerlo, disfrutándolo para que lo disfrutéis.
Con todos ustedes, el maravilloso alcohol de romero.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Había una vez un jabón de cáñamo

Hace 10 meses me hice con los servicios de una semilla de cannabis sativa con el claro propósito de aprovechar al máximo la cantidad de beneficiosas propiedades de la T, de la H y de la C, pero también, por qué no decirlo, para olvidar las tediosas horas que paso haciendo la grulla a la vecina por 4,5 € la hora y cuarto.

El cannabis sativa es fácil de cultivar, pero también muy fácil que desaparezca. Hay mucho personal al acecho deseando sacar tajada. Una planta de cannabis sativa es como el tesoro de la isla: si hay un plano, solo podéis conocerlo tú y el diablo, es decir, tú solo. Sobre todo, según demuestran las estadísticas, no hay que decírselo nunca a los amigos. Jamás, o estarás jugando con fuego. Miéntelos, dales largas, hazte el longui, pero no digas nada. Luego, cuando llegue la cosecha, invita al personal por todo lo alto y a disfrutar.

Siguiendo estas directrices puse una planta en la huerta, fuera de todo ángulo de visión, no dije nada a nadie y a primeros de octubre la recolecté. Una parte de la cosecha la metí en tarros de cristal, que llené con aceite de oliva virgen extra, y la otra, por mucho que intento recordar, no sé qué hice con ella. El caso es que, pasados 26 días, colé el aceite de cáñamo (oleato de cáñamo) y me dispuse a hacer jabón. Yo pensaba que, como mucho, haría un jabón de puta madre, pero nunca se me pasó por la cabeza que alguien pudiera entrarme en plena calle y preguntarme en susurros si tenía ya algo de la cosecha de este año, porque mi jabón le hacía sentir muy bien. Quizás algo se me haya ido de las manos durante el proceso de elaboración y partes del jabón, mas allá de la piel, estén llegando al corazón.

Pero bueno, volvamos a la tierra. Un jabón de 70 gr., 2 €; un jabón de 100 gr., 3 €.

INGREDIENTES


  • Aceite de oliva virgen extra
  • Cannabis sativa. Procedencia: realmente no lo puedo decir. Tendría que utilizar un pseudónimo y tampoco es plan. Solo puedo confesar que cambié la semilla por diez retoños de azufaifo del huerto.
  • Hidróxido de sodio, es decir, sosa cáustica al 98%. Se utiliza como base reactiva para transformar el aceite en jabón. Pasados 21 días, sus principios activos desaparecen, por eso dejamos reposar el jabón un mínimo de 30 días antes de presentarlo al público.
  • Agua de la fuente del Valle. Altitud: 801 m. Longitud y latitud, la de siempre durante los últimos 81 años.

PROPIEDADES

Indicado para pieles secas o con problemas de eccema y psoriasis. 

POR MOTIVOS OBVIOS, EDICIÓN LIMITADA A UNAS 30 UNIDADES.












viernes, 8 de mayo de 2015

Nuestro amigo el cardo mariano

En el huerto no solo es interesante lo que plantamos, sino también lo que crece de manera espontánea. Como el maravilloso cardo mariano, cuyas hojas acaban de vez en cuando en nuestro batidos y ensaladas. 
Y para mostraros una de las múltiples maneras de comerlo, aquí va el vídeo de hoy. ¡Esperamos que os guste!



miércoles, 14 de mayo de 2014

¡La fiesta de la fresa!

Ha llegado la temporada de las fresas a nuestra huerta, lo que significa una fiesta diaria a la hora del postre. Y es que una vez que has probado las fresas cultivadas con cariño y maduradas al sol no quieres otras. Así que os animo a todos a plantar unas cuantas matas de fresa incluso en una jardinera en la terraza, porque no necesitan casi ningún cuidado y son tremendamente agradecidas. Además, una vez que la planta se ha asentado donde está plantada, empieza a "multiplicarse". A mediados de la primavera, después de que hayan salido las primeras fresas, le crecen unos tallos largos llamados estolones que cuando alcanzan cierta longitud echan raíces y hojas y generan una nueva plantita de fresa. Solo hay que meter la parte con raíz en otra maceta y pasadas un par de semanas, cortar el tallo que la une a la planta madre. Y así de fácil va creciendo y creciendo el huerto de fresas, ¡hasta que ya no sabes qué hacer con ellas!

Y para animaros aún más, me gustaría compartir una forma de preparar las fresas que me ha enseñado mi madre. Las fresas cultivadas en huerta suelen ser dulces y no hace falta añadirles nada, pero cuando recoges medio kilo diario, te apetece variar un poco. Para esta recetilla solo hace falta medio kilo de fresas, dos cucharadas de azúcar y una cucharadita de vinagre. Hay que cortar las fresas en cuatro trozos, espolvorearlas con el azúcar, añadirles el vinagre y remover todo bien. Luego conviene dejarlas reposar unas horas, o mejor toda la noche, para que las fresas se maceren. El vinagre intensifica mucho el sabor de la fresa y queda un postre delicioso.
¡Que las fresas invadan todos los balcones!

sábado, 8 de marzo de 2014

Incipiente primavera

Brotes de melocotonero
Esta es la época del año que más me gusta, cuando brotan los rosales, los frutales, las plantas del huerto... En una semana pasamos del crudo invierno a una explosión de primavera que te satura los ojos de verde. Por todas partes hay árboles con las yemas brillantes de vida, a punto de abrirse para dejar a la vista su tesoro de hojas. Cualquier montón de hojarasca que mueves, cualquier zona de hierba que aclaras descubre pequeñas lechugas, brotes de menta, diminutos cebollinos y otras mil pequeñas plantas que estaban ahí, a la espera del calor del sol, sin que nosotros no diéramos cuenta.


Los ajos, reyes de la huerta
Los ajos han alcanzado ya un buen tamaño y son los dueños y señores de los surcos, mientras que el resto de la tierra espera aún recibir plantones y semillas. Ya hay que empezar a plantar cebollas, maíz, espinacas... Y aunque este año los guisantes no han tenido a bien regalarnos su presencia, todavía confiamos en que esta segunda ronda de plantación salga mejor y podamos disfrutar de su crujiente y dulce sabor.


Peral a punto de brotar

En esta época del año me da por pensar lo pequeños que somos, comparados con la naturaleza que nos rodea, y todo lo que ignoramos de sus ciclos, y lo bien que estaríamos si nos entregáramos más a ella. Puede que sea por la saturación de verde, quién sabe.   



jueves, 17 de octubre de 2013

Va siendo otoño

Me encantan los tomates. Me gustan tanto que me los como cuando están rojos, muy rojos o extremadamente rojos. Incluso, llego al paroxismo de comerlos también cuando han adquirido una tonalidad carmesí del todo. Pero, alabado sea el Señor, han llegado las primeras lluvias, y como suele decirse, se acabó lo que se daba. Ya no hace la temperatura adecuada para que maduren y, como pasa con el bañador o las transparencias, hasta el verano que viene no los volveré a degustar. Así de claro, se acabaron y punto.

Hay que reconocerlo: la naturaleza es más sabia que el más ignorante de los hombres, mujeres y niños que pueblan este planeta azul tirando a plástico, y en cada temporada produce los alimentos que mejor nos sientan. Ir en contra de la naturaleza, esto es, a favor de la sociedad de consumo, es ir contra la salud.

Sin embargo, no hay que preocuparse, pues la huerta siempre nos regala nuevos prodigios a los que entregarse a tope, sin la más mínima reticencia, casi con vicio, si se me permite la expresión.

Damas y caballeros ha llegado el momento de ponerse hasta las trancas de calabaza: calabaza para el desayuno, la comida, la merienda y la cena.

Adiós tomates asquerosos e insípidos, adiós invernaderos que tantos productos químicos abrasivos requieren, adiós al gazpacho en el que tanto me gusta bucear.

Ha llegado el otoño y, queramos o no, a nosotros también. Es hora de ser calabazas andantes que sudan puré aderezado de tomillo, romero, ajo, aceite de oliva en el que se ha dejado macerar albahaca fresca, sal de contrabando y algún que otro ingrediente del que ya hablaré.

Damas y caballeros ha llegado el momento de lucir la flor de otoño que todos llevamos dentro.


Regalos otoñales de la huerta

jueves, 10 de octubre de 2013

Prodigios de la huerta: la caléndula

Antes no plantaba caléndula, entre otras cosas porque no conocía su existencia, pero ahora está por toda la huerta. Nunca la riego, pero todo el año enseña su camisa anaranjada. No le dedico ni un segundo, pero todos los días, cuando bajo al huerto me pregunta por mi piel: ¿Oye, tío, todo bien por la epidermis?, y sí, todo bien.

La caléndula es una planta dura como la hoja de la espada del samurai, pues no necesita cuidados para que todo el año cuide de ti. Solo con una planta, tienes caléndula para toda la vida. Se reproduce sola, sin que tengas que recoger las semillas. Trasplantarla es facilísimo, ya que enseguida prende. Ni la helada, ni el calor pueden con ella, aunque sí es verdad que pierde exuberancia. Pero ahí está, como los amigos de la adolescencia antes de que la vorágine de la vida los separe.
Al principio no sabía qué hacer con ella, de hecho, no la arrancaba por ese punto romántico de tener todos los colores del mundo en la huerta. Poco a poco me fui enterando de que se podían comer los pétalos. Bien, dije, habrá que dejarla pues. Y un día leo que es enfermera-jefa dermatóloga, y claro, exclamo un sonoro ¡no jodas!, y me miro la piel deseando encontrar alguna herida o algo donde poder experimentar sus propiedades.
Uno de los puntazos de la vida en el pueblo es el tiempo libre que se tiene, la posibilidad de investigar cosas que en la ciudad nunca se me habrían ocurrido. Yo hice la carrera de Filología Hispánica y los libros de plantas como que no. Mi rollo era el Poema de Mío Cid, la poesía del 27 y demás clásicos, pero en el pueblo tienes que reinventarte a ti mismo, y en esa reinvención ya no hay lugar para los clásicos. Entonces los sacas de la estantería para venderlos en el mercado de segunda mano que hay en el pueblo de al lado, y su lugar lo ocupan libros de plantas, huertos, montes y potingues varios. Así fue cómo descubrí los tesoros que la caléndula posee, y cómo acabé rellenando la almohada con sus flores y decorando el buzón con sus pétalos, y sobre todo, cómo empecé a hacer jabones y cremas, al principio con cierto escepticismo y luego con verdadera pasión.
Primero empecé a probar las cremas y jabones con los colegas y la familia y, mira por dónde, a todos parecían gustarles. Eso me animó para hacerme un puesto ambulante y ponerme a vender por el pueblo. Un día apareció una pareja con un niño de unos diez meses. Con todo mi morro les ofrecí la crema de caléndula para los cuidados del bebé. La reacción de los padres, como no podía ser de otra manera, fue de rechazo. Un vendedor ambulante en una cuneta no parece de fiar. Para mi sorpresa, al cabo de media hora volvieron y me contaron la película: con el invierno tan húmedo, el niño tiene el culito escocido. "Hemos probado de todo pero el escozor sigue ahí". Los tranquilicé, les dije que la crema sólo llevaba aceite de oliva y caléndula de mi huerta, que si nada había aliviado al niño era simplemente porque la cosmética industrial utiliza refinados del petróleo y cantidades irrisorias de sustancias naturales. "De todas formas -dije-, llevárosla y no me la paguéis, vivo en el pueblo todo el año, este es mi teléfono". Me había olvidado ya de la movida, cuando sonó el teléfono. Alguien me estaba dando las gracias, la crema había funcionada, el escozor había desaparecido, quería más. Nunca he estado en la catedral de París, pero juro por Dios que en ese momento pude oír claramente el sonido del campanamen de la catedral llenando mis oídos. Por fin, algo había sucedido en mi vida de lo que sentirme verdaderamente orgulloso: había contribuido a curar el escozor del culito de un niño.
Podéis consultar las propiedades de la caléndula en cualquier manual. Básicamente son estas: ayuda a combatir eccemas, acnés, picaduras de insectos, úlceras, sabañones, heridas, quemaduras, etc. Y respecto a las pieles atópicas, quiero decir que nuestros jabones de caléndula están funcionando muy bien con niños que sufren esta plaga. Justo a la línea de flotación de la dermatitis atópica disparo con mi jabón de caléndula.
Tanto para los jabones como para las cremas, todo comienza bajando a la huerta. Luego se dejan macerar las flores en un tarro de cristal con aceite de oliva. Pasado un mes, se cuela y en la cocina se prepara la pócima. Es fácil, en realidad es un saber ancestral que durante cientos de años se ha transmitido de padres a hijos, pero claro, hoy la vida moderna no quiere saber nada del pasado, y así nos va.


Teo entre caléndulas
Jaboncito de caléndula