domingo, 13 de septiembre de 2026

Solo tuve que meter las manos entre las zarzas

 

Esperé hasta que la fiesta acabó

y cuando el rey estaba durmiendo la borrachera,

aproveché para clavarle el as de espadas

y separarle a capricho en dos mitades

bastante desiguales.

Luego me alejé cantando

una alegre melodía irlandesa.


Cuando llegó la mañana

solo tuve que meter las manos entre las zarzas

para pagar el precio de la libertad.

Ya no tenía intereses que atender

y pude dedicar mi tiempo

tan solo a las obligaciones que me imponía 

la madre naturaleza.

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