Yo podría haber pintado las cuevas de Altamira, pero preferí pintar las cuevas del Arbillas con figuras que se podían identificar como formas humanas haciendo el flipi, después de haberse merendado con éxito medio mamut.
Yo podría haber pintado las cuevas de Altamira, pero pretendían procurarme de detodo para que estuviera en la cueva hasta terminar de pintarla con movidas que ellos protagonizaban, cuando, precisamente, lo que yo quería era pintar algo en la movida.
Yo dejé mi huella en las cuevas del Arbillas, la huella que los acontecimientos vividos dejaron en mí. La misma huella, en la pared, a través de mí.
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