miércoles, 8 de julio de 2026

El lobo y yo, es decir, el loboyo

 

Me comió el lobo. ¡Qué alegría darlo todo para que siga habiendo para todos!

Me comió el lobo. ¡Qué pena tener que darlo todo para que siga habiendo para todos!

Me comió el lobo y, los primeros tres días me dio mucha pena formar parte de él. Luego se comió un ternero y me dio mucha alegría, porque la verdad nunca antes había comido una carne tan exquisita.

martes, 7 de julio de 2026

Ya no recuerdo si el anuncio dice...

 

Ya no recuerdo si el anuncio dice que los malos hábitos de vida son la causa de las flatulencias del paisano y, por tanto, cambiarlos por unos hábitos saludables acabará con la flatuflatu. o si el anuncio dice que tomándose la soul brother pastilluki number one acabará tal cual con las lencialencias.

Ya no recuerdo si cada problema es una oportunidad de encontrar una solución, aunque se pare la maquinaria, o cada problema es una oportunidad para crear un problema crónico que siga alimentando la maquinaria.

Ya no recuerdo si había que construir sobre cimientos sólidos, para no tener que repetir la tarea, o si había que construir sobre cimientos de aquella manera para repetir, las veces que hagan falta, la tarea.

Ya no recuerdo si la historia de Sísifo habla de que es una putada dejarse cegar por el orgullo, hasta el punto de tener que subir todos los días la misma piedra, o habla de que es una gozada emborracharse de orgullo, para repetir siempre la misma mala jugada.



domingo, 5 de julio de 2026

A plena luz del día y con buena letra de taquígrafo

 

A plena luz del día y con buena letra de taquígrafo, la Autoridad, que goza del monopolio de la violencia, aprueba la construcción de infraestructuras e inmuebles en terrenos inundables de toda la vida. La Empresa Privada, gloria de la sociedad civil, pone los medios para que se construya la movida y Nos, el pueblo llano, hombros sobre los que recae la soberanía nacional, ponemos manos a la obra.

Pero, en qué piensa la Autoridad que tiene el mono-mono de la vio-vio, sino en perpetuarse en el poder. En qué piensa la Empresa Privada sino en el lucro más lucrativo. En qué pensamos Nos, el pueblo constitucionalmente domesticado, sino en hacer lo que nos han mandado.

Luego llega la tormenta, reclamando lo que siempre ha sido suyo, y descarga el diluvio de quién lo iba a pensar, y nos muestra lo que somos en realidad. Entonces pasamos unos días rasgándonos las vestiduras, hasta que al tercero, damos las gracias a la inundación por darnos la oportunidad de volver a empezar a construir algo nuevo para que todo siga igual.

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Quizás si no hubiese Autoridad nadie tendría que utilizar la violencia para salirse con la suya.

Quizás si no hubiese empresa privada estaría más claro que el lucro más lucrativo es no hacer locuras.

Quizás si la soberanía nacional fuera soberanía que emana de la autogestión, nos tendríamos voz y voto en cada obra y no solo mano.

Quizás si tuviéramos espacio para empezar de nuevo, en un lugar tranquilo, cerca de la Edad del Hielo.


martes, 30 de junio de 2026

El lobo, la oscuridad, la parte y el todo

 

Cuando escuchamos el aullido de un lobo, es difícil apreciar cualquier tipo de belleza en él. El miedo nos paraliza, a pesar de ser nosotros criaturas dotadas de un cabronismo tan afilado como los colmillos del dicho anima, y por ello no entendemos que solo es una señal que nos está avisando de que el lobo quiere su parte para pasar el día.

Sin embargo, cuando vemos un atardecer, es fácil sentirlo como un espectáculo sensorial. Entonces sí apreciamos colores y formas maravillosas, como si fuera un regalo que nos hace la vida.

Pero el atardecer es solo la señal que nos avisa de que llega el momento en el que la vista no sirve de nada, el momento en el que somos verdaderamente vulnerables. Eso sí que da miedo de verdad y para ocultarlo preferimos verlo como un show, en el que somos espectadores privilegiados.

Algún día habrá que aprender a apreciar que tanto el aullido del lobo como los colores del atardecer son señales que indican que todas las criaturas tienen su oportunidad de coger su parte, y poder así contribuir al todo. Y dejar de tener miedo y de ver la naturaleza como si fuera un espectáculo.

domingo, 24 de mayo de 2026

El naranjo que resucitó de entre los muertos

La verdad es que le robé un naranjo a la vecina, pero si supieras las extrañas circunstancias que rodearon la movida estoy seguro de que me darías la razón.

El caso es que la criatura, bajo la tutela de mi graciosa mano, se levantó de entre los muertos, hasta convertirse en un ser mitológico capaz de convertir la luz infinita del universo en un chute infinito de vitamina C directamente en vena.

Sin embargo, una mañana, cuando iba a darle los buenísimos días, un batallón de trescientas mil hormigas por segundo estaban arrasando a mi colega. ¡Ostia puta! ¿Qué podía hacer?

Lo intenté todo, desde hacer un pacto con el diablo hasta viajar a las nieves del Kilimanllaro para traerme un mini oso hormiguero. Incluso pensé en prenderle fuego al naranjo con las hormigas dentro.

Menos mal que, cuando peor lo estaba pasando, apareció Tronchi, el espantapájaros que vive en el rincón donde tengo los higos para que se sequen sin contratiempo,. y me susurró la solución.

-Tío, ¿has oído hablar de la extraordinaria lagartija común?

-Claro, tío.

-Pues haz una casita para ellas cerca del pie del árbol y deja que la nature siga su curso. Tú continúa con las friegas de ortiga a palo seco que tan bien te sientan, y verás como en una semana la cosa mejora.

-Vale, tío, lo que tú digas. A la orden.

Efectivamente. puse una generosa fila de tejas alrededor del pie del naranjo y unos días después, una pareja de lagartijas se había instalado en el chambao, Tal como había dicho el gran Tronchi, en tan solo una semana no quedaba ni una hormiga. ¡Qué naranjas! ¡Qué esplendor! ¡Qué borrachera me cogí con Tronchi para celebrarlo!

-¡Coño, Tronchi, ya está bien, que los pájaros se están poniendo finos de higos!

-Tronco, mira como ronco, me respondió.

Me tuve que quedar allí dando el pego hasta que se le pasó la resaca. Afortunadamente, en unos días todo volvió a su cauce. Hasta la vecina empezó a comprarme naranjas con naturalidad.

-Se parece mucho a uno que yo tenía. Diría que estaba en este mismo sitio.

-¿No era un peral?

-¡Sí claro, un banano! ¡No te jode, el nota! Anda, dame otro kilo, está buenísimas.

-Uno largo, por ser tú.