domingo, 12 de enero de 2020

Dos ideas se encuentran casualmente en un cruce de caminos, y solo una sigue su camino con el viento

Una idea muy interesante dice que a través de la ética las personas nos liberamos de dos problemas, por no decir de todos nuestros problemas. A saber:

-Nos liberamos de la posibilidad de que el ejercicio del poder se convierta en tiranía;

-Nos liberamos de la posibilidad de generar un exceso de excedentes que den pie a especular con ellos, a crear un imperio, un enemigo, una catedral del miedo donde  poder odiar a gusto al extranjero, al que viene a arrebatárnoslo todo.

Es una idea brillante, todo hay que decirlo, que pretende expandir los límites de la libertad humana, poniendo límites al poder y a los excedentes. 

Otra idea dice que a través de la política tres listos pueden controlar dos problemas, que verdaderamente son la base de todos nuestros problemas. A saber:

-Controlar que el ejercicio del poder esté en buenas manos,
para que no se convierta en un caos.

-Controlar la creación de excedentes, de manera que las buenas manos puedan especular a gusto, crear un imperio, una catedral del miedo donde consagrar al ejército que nos libre del extranjero, ese que siempre tiene menos que nosotros y quiere arrebatárnoslo todo.

Es una idea chunga, todo hay que decirlo, que pretende expandir los límites del control, no poniendo límites al poder ni a los excedentes.

Dos ideas se encontraron casualmente en un cruce de caminos. Una decía que el camino era suyo y la otra respondió que ella era del camino. Una sigue allí con el título de propiedad en la mano, la otra siguió adelante caminando con el viento de su lado.

miércoles, 8 de enero de 2020

La señora Julia y la robotización


Hay quienes dicen que la robotización es imparable, y que más nos valdría prepararnos para un futuro donde será obligatorio aprenderlo todo sobre los robots.

De nada sirve empecinarse en actividades manuales de toda la vida. Se trata de aprender a diseñar robots, aprender a manejar robots y aprender, erre que erre, a interactuar con ellos.

Eso es el futuro, dicen, convencidos de hacernos un favor al compartir su lucidez.

Sin embargo, la señora Julia no está de acuerdo. Dice que no entiende que una persona pierda el tiempo en diseñar un robot que, por ejemplo, teja jerséis, cuando podría aprender a terjérselos él mismo. Y, en cuanto al tema de los favores, añade que, cuando quiere tirarse el rollo con alguien, le pide que levante los brazos para tomarle las medidas, porque, aunque no sabe lo que nos deparará el futuro, sabe que en tres meses vendrá el general invierno y un jersey de lana calentito siempre viene bien.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Skinner tenía razón

Nunca fuimos nosotros los que veíamos la televisión,
siempre fue la televisión la que nos veía a nosotros.

No somos nosotros los que navegamos por Internet,
es Internet la que navega por nosotros.

Nosotros no buscamos información en la red,
somos la información.

Skinner tenía razón:
basta con meter a una criatura inocente en una caja chula
para manipularla a tu antojo
tan solo con un cable que parece azul
y otro que de cable solo tiene el color rojo.

sábado, 21 de diciembre de 2019

La propiedad contra el pueblo

La vecina habla y gesticula tan convincentemente en medio de la escalera que no hay más remedio que darle la razón, porque, además, la tiene.

Ella es del pueblo y lo ha conocido cuando estaba vivo, cuando no era un parque temático para turistas. La vecina dice que las administraciones se han despreocupado completamente de los pueblos, porque el dinero que invierte en ellos es a fondo perdido y claro, quién se atreve a hacer tal cosa hoy en día cuando todo tiene que ser rentable o desaparecer.

Sin embargo, la vecina calla y no dice que prefiere vender su casa a un pastoso de la capital, que solo la quiere para los fines de semana, fiestas y prejubilaciones de guardar, antes que alquilarla a esa pareja tan entusiasta que se ha venido a vivir al pueblo escapando de la ciudad, dispuesta a empadronarse desde el primer día.

La vecina también dice que no sabe qué va a ser de nosotros, y en eso, también lleva razón.

lunes, 9 de diciembre de 2019

La sequía nos está volviendo locos (4ª parte)

El tema del agua, como tantos otros, se aborda desde una perspectiva de pensamiento único, basado en la idea de que el agua es una mercancía más, que debe gestionarse siguiendo la lógica de los negocios.

Este pensamiento único nos obliga a relacionarnos con el agua a través de un contador, un recibo y una cuenta corriente, y cuando surgen los problemas, las soluciones que se aportan siempre son más turbotuberías, másmejor motobombeo y teflón de 5G para que en los empalmes no se pierda ninguna gota del producto acuoso.

Sin embargo, hay otra forma de entender el tema del agua, basada en la idea de que donde hay agua, hay vida,
y donde no la hay, lo llaman el infierno sobre la tierra. Y ante semejante demostración de poder, no queda más remedio que declarar que el agua es gente fuerte.

No podemos tratar al agua como si fuera una mercancía, porque eso nos convierte a nosotros también en mercancía, o si lo prefieres, en consumidores. Gente débil a merced de la Confederación Hidrográfica y su constante demostración de fuerza bruta.

Hoy en día, pensar en el agua como una divinidad puede interpretarse como una maniobra escapista que no aporta ninguna solución, pero pensar que desde la Confederación Hidrográfica va a venir otra cosa que no sea un nuevo contador vía satélite, y que le den al que no pueda pagar la factura, es negarse a ver la realidad.

Por aquí, la sequía nos está volviendo locos, y quizás eso explique que ya no importe si la botella se encuentre vacío-llena o lleno-vacía, sino que esté en tus manos, aunque se la hayas tenido que quitar a un niño, que, por supuesto, tenía la mitad de sed que tú.