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sábado, 23 de noviembre de 2019

Los últimos que dejaron la tierra como se la dejaron a ellos

No se sabe cuándo se instalaron 
los primeros pobladores en esta parte de la sierra,
pero con la muerte, hace tres meses, 
de Regina, María y Baldomero
desaparecieron los últimos representantes
del estilo de vida tradicional en esta parte de la sierra.

Ellos fueron los últimos 
que siempre cocinaron y se calentaron con leña,
los últimos que guardaron sus propias semillas,
los últimos que llevaron un cántaro a la fuente
para surtirse de agua,
los últimos que te podían invitar a un vaso de vino,
queso, embutido y chupito de orujo 
como fin de fiesta, todo ello de cosecha propia,
los últimos en pedirte que subieras a la sierra
a por un cubo de nieve para hacerse leche helada
como cuando eran niños.

Se llamaban Herminio, Cristino y Baldomera,
y fueron los últimos, en esta parte de la sierra,
que dejaron la tierra como se la dejaron a ellos.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

La frutería de los jóvenes de la unión

Los consumidores dicen
que en la frutería de la Unión de Jóvenes Fruteros 
hay poca variedad,
porque solo despachan fruta y verdura de temporada.

También dicen que no es cómoda
porque sirven el género 
directamente del plato de la balanza
al continente que traiga el cliente,
y si no trae ninguno, se siente.

La frutería de los Jóvenes de la Unión
se mueve al ritmo que marca la naturaleza,
y los consumidores demandan 
el ritmo que marca la sociedad,
de manera que no es extraño 
que en la puerta principal
no haya mucho movimiento.

(Menos mal que en la puerta de atrás 
hay momentos en los que el trapicheo no para,  
y gracias a ello se van equilibrando las cuentas.)

viernes, 19 de abril de 2019

Esa cartita del INSEM

Recibí una carta del INSEM
en la que me ofrecían un trabajo de mierda,
y como ya estaba en ella, dije que no.

El futuro no parecía muy alentador
cuando bajé a la calle a tirar la carta
al precipicio azul del papel, pero, afortunadamente,
mi octogenario favorito del pueblo
ya estaba trajinando con el alambique,
y en cuanto me vio pasar por su puerta
me hizo la señal de que el chiringuito estaba abierto.

Solo me hicieron falta dos sorbos
para sentirme mejor,
para que nos sintiéramos mejor.

-Eres afortunado, tienes todo lo que yo quiero.
-¡¿Qué?! -respondí con voz estuperasposa.
-Tiempo -contestó él.
-¡Ah!... Y tú también tienes todo lo que yo quiero.
-¿¡Qué!? -respondió con voz rasposafacta.
-Autogestión -dije mirando la cantidad de embutido, queso, aceite, vino... que había a mi alrededor.

Hacíamos un buen equipo y brindamos por ello, 
con la satisfacción de tener todo el tiempo del mundo 
y todo el condumio y la bebida 
que nos diera la gana comer y beber.

Luego el octoge me ayudó amablemente a llegar a casa, 
y se fue a seguir con su tarea,
y yo me acoplé en un sillón a leer tranquilamente
para hacer trabajar al espíritu, que también es un músculo.


lunes, 1 de octubre de 2018

51 años de absoluta tranquilidad no fueron suficientes para tranquilizar a la vecina

Nada más terminar de intervenir la vecina
le repliqué rápidamente que, en 51 años
que tenía el edificio, la puerta de la calle
siempre había estado abierta y nunca
había entrado nadie ajeno al entorno del mismo,
por lo que no había razón alguna
para reforzar la seguridad de la puerta de la calle.

Pero en cuanto yo acabé, ella volvió a la carga
y dijo que muy bien, pero que el hecho 
de que nunca hubiera pasado nada, no aseguraba
que cualquier día ocurriera una desgracia.

Entonces, una vez oídos los argumentos,
llegó el momento solemne de la votación...

Cuatro días más tarde, la puerta
que había aguantado tranquilamente
durante cinco décadas las embestidas furiosas
de nadie, fue sustituidada por una nueva
con siete puntos de anclaje.

Uno por cada vecino que levantó la mano.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Trabajo de biblioteca de verano (2ª parte)

Yo estaba en la biblioteca de verano intentando actuar como si el suministro internético se hubiera interrumpido de forma inesperada, de manera que según iban entrando los usuarios les decía: "Lo siento, no puedo hacer nada, seguro que están trabajando para solucionarlo a lo largo de la mañana. No se preocupe, continúe con su vida como si nada y reciba, no faltaría más, un cordial saludo de su bibliotecario de referencia".

El plan estaba funcionando hasta que llegaron Candela, Paula y Montse en plan: "Jo, es que queríamos mirar algunas ideas en Internet para decorar una tarjeta de felicitación". Y claro, se hizo el Internet del tirón..., y también el interlahostia, porque a los cinco minutos llegaron Rayo y su amigo el rubio, los más revoltosos de la camada de 9 años, con ansias de jugar a la guerra online sin hacer prisioneros. Y enseguida estaban gritándose y matándose, montando un pandemonio de gritos y amenazas de lo más desagradable que llegó a su punto culmen cuando le tiré al rubio, con éxito, una edición abreviada de las obras completas de Platón. Entonces, pensé que mis días como biblioteguay habían acabado, pero Rayo empezó a reírse de la situación y el rubio aprovechó para tirarle una vida de santa Teresa de Jesús bellamente encuardernada, también con éxito. Candela, Paula y Montse empezaron a reírse mientras movían la cabeza, como diciendo vaya elementos. En un momento, todos estábamos riendo. Rayo y el rubio vinieron a chocar esos cinco conmigo y, casi sin parar de reír, me dijeron: "Jo, qué bien lo pasamos en la biblioteca". Y a continuación se fueron a seguir haciendo de las suyas. Yo suspiré aliviado y me dejé caer en la silla de control de la sala. Miré el reloj de la pared buscando un amigo. Todavía faltaba media hora para salir.

Afortunadamente, me quedaba algo de crema de whisky en casa. Mañana sería otro día. Otro día cuidando de los libros, porque mola que los libros cuiden de ti. 

viernes, 31 de agosto de 2018

Practicando al límite el noble arte de la buena vecindad


355 días al año, practicar la buena vecindad en la huerta me requiere cinco minutos de conversación, a la sombra en verano y cerca de la estufa de leña en invierno.

Dos días al año, me requiere dos horas y 48 minutos limpiando el trozo de regadera que me corresponde.

Ocho días al año, me requiere 47 minutos regando la huerta del vecino, mientras él disfruta de unas merecidas vacaciones de sí mismo.

Y ya.

Luego, los días transcurren más o menos en plan oye, tunante, llévate ahora mismo esta cesta con bien de todo. A lo que se contenta, pues grandísimo Satanás, llévate tú esta otra con lo mejor de cada mata. E inmediatamente se sale corriendo para no entrar en una escalada de embustes y exageraciones que puede ser interminable.

Sin embargo, todo hay que decirlo, hay un vecino que ni siquiera acorralándole por las buenas entre tres podemos hacer que entre en razón y colabore. Hasta que un día, hartos de su comportamiento, decidimos pasar a la acción directa y le pusimos una trampa de las que fracturan piernas de manera limpia y sin dejar traumas. Entonces, en cuanto empezó a gritar, aparecimos el resto de vecinos como ángeles de la guarda para echarle una mano y decirle las palabras mágicas. Esas de tú no te preocupes por nada que ya verás cómo sales bien de esta, y de la huerta, ni que decir tiene que nosotros la vamos a cuidar para que no le falte hortaliza variada a tu familia.

Ahora, pasado el tiempo necesario para que la recuperación fuese totalmente satisfactoria, nos adora, y por supuesto, es el que más brasas se pone a la hora de regalar cestas.

jueves, 2 de agosto de 2018

Es mejor tener amigos que ser fuerte


Mi amigo el brasas

Tengo un amigo que no deja de darme la brasa para que me una a la organización de la que forma parte. Hasta que un día le cogí por banda y le esposé una de sus manos a una de las mías para que viese con sus mismos propios ojos que, en mi día a día, aplicaba bastantes de los principios que predica la organización.

Una semana después le solté. Desde entonces, ya no me da la brasa y va diciendo por ahí que soy un radical.


Mi amigo José Juan

Durante las vacaciones de Semana Santa Juan José estudiaba con pasión, y durante las navidades celebraba la epifanía del Señor estudiando mogollón.

Estudió tanto que, nada más acabar la carrera, encontró trabajo en una multinacional del sector y ahora, pasados apenas unos años, está a medio lustro de formar parte del consejo de administración.

José Juan dejó atrás su origen humilde a base de hincar tanto los codos que se le han vuelto colmillos. Y cuando oye a alguien lamentarse por que no puede llegar a fin de mes, al contrario que él, siempre da la misma receta: pasión en Semana Santa, y en la epifanía, mogollón.


Los amigos del mercado de San Hilachos

Un número primo de las personas 
que frecuentan el mercado de San Hilachos
también se sienten atraídas por las marcas comerciales,
y lo mismo te regalan un impecable discurso ecologista
que van de compras a comprarse lo que podrían comprarte a ti,
o hacérselo ellos mismos.

Suelen tener profesiones demostrativas,
e incluso forman parte de partidos, asociaciones y cineclubs,
pero aún así, siguen enganchados a un tipo de vida
donde siempre encuentran una excusa 
para moverse en coche,
para poseer la tierra sin interés por cultivarla,
para tener inmuebles que alquilar 
al precio del mercado que tanto critican
y para celebrar onomásticas y aniversarios como toda la vida.

Y sin embargo son ellos
los que sostienen económicamente
el mercado de San Hilachos con su dinero.

Ellos, que con una mano defienden lo que dicen
y con la otra se pueden permitir lo contrario,
creen que otro mundo es posible,
un mundo donde se pueda conciliar 
el saludo al sol con la protección solar.


Mi amigo el pueblo

No hay trabajo en el pueblo, solo construcción.
Solo huertas y olivares que los hijos van vendiendo, según van heredando, a consultores y abogados de la capital para que se hagan una casa, la piscina y todo lo necesario para venir a babear un fin de semana al año. Solo un sueño colectivo, que se llama casa rural petada los fines de semana.

Todo el mundo sabe en el pueblo a cuánto está el metro cuadrado. Todo ha sido ya medido, contado, pesado...

Todo, menos esa planta que crece entre las zarzas amigas y que algún alma caritativa ha tenido a bien plantar de tal manera que esté medio a la vista, aunque nadie la vea, y totalmente a la vera de mi mano.

Mi amigo el plástico

1.
La ley protege el plástico.
El pueblo adora el plástico.
El plástico se sabe todos los trucos
para abaratar costes de producción,
y sabe premiar con pingües beneficios
la digestión de sus residuos.

Estamos en un laberinto de plástico,
hecho a conciencia, y los pocos
que intentan encontrar la salida
dicen que es tan complicado
como viajar a otro planeta.

2.
Hubo un tiempo en el que merecía la pena
estar libre de pecado para tirar la primera piedra
al nota de turno, pero hoy no tiene sentido,
no merece la pena estar libre de culpa
para tirar una piedra de puro plástico.

3.
Con tanto producto de usar y tirar, 
no hay quien conozca el paño.

4.
Aquí, en el pueblo, hay uno que se viste con un mono alforja donde lleva la navaja, una cuerda, un saco, algo de comer, el cuerno de beber, un hacha de mano y las demás cosas que necesita una persona para desenvolverse en su día a día. ¡Y no toca el plástico!

Pero vamos, uno. En cuanto a los chavales, visten ropa deportiva made in algún lugar del mar de la China.

5.
Yo hago lo que puedo, y en cuanto he tenido la oportunidad me he pasado al plástico trapo. Creo que es una buena solución: está triturado de precio, se desintegra al instante en cuanto no lo quieres más cerca de ti y si te lo tiran a la cara, siempre aterriza en el pecho. ¡Qué más quieres! No merece la pena ni mangarlo.

6.
El plástico no es un material, es un estilo de vida del tipo totalitario que se ha impuesto a base de empujones, codazos y untes varios a los jerifaltes oportunos, sin dejar espacio a cántaros, espuertas de esparto, alforjas, cestas de mimbre, pellejos, cuernos, bolsas de lino cosidas y vueltas a coser a mano, etcétera, etcétera del mismo paño.

7.
Por lo demás, lo único que se puede añadir sobre el plástico es lo que dicen por lo bajini los últimos descubrimientos científicos sobre el asunto: o acabamos con el plástico o el plástico acabará con nosotros.

Cosa, por cierto, que ya se sabía en los bares.

miércoles, 25 de julio de 2018

Trabajo temporal en una biblioteca de un pueblo de verano


Trabajo en la biblioteca de un pequeño pueblo situada, para más señas, enfrente de un bar. Y la experiencia adquirida durante el último mes me permite afirmar rotundamente que tiene más éxito de crítica y de público el bar que la biblioteca.

Lejos de guardarme semejante descubrimiento para mí, decidí comentarle al alcalde la idea de instalar parte de la biblioteca en el bar, para arrimar los libros a los botellines y los botellines a los libros, con tan buena suerte que dijo que sí a todo con la misma naturalidad con la que se olvidó de prestarme el apoyo logístico necesario para la operación.

Pero yo no me di por vencido. Agotada la vía institucional, no tenía más remedio que pasar a la acción directa. El plan era sencillo: ponerme en la puerta y jalear de viva voz las bondades de la biblioteca. Pero los pocos que pasaban eran octogenarios, parroquianos o turistas con toallas en busca de la piscina natural.

Tenía que aceptar la realidad. El plan había sido un fracaso y mi rendimiento en el trabajo se resintió muchísimo. Prácticamente, me limitaba a dormitar y me di al hurto de bolsas de basura y rollos de papel higiénico. Incluso llegué a desenroscar la fregona del palo de la misma, que estaba nueva, y darle el cambiazo por la de mi casa, que estaba de aquella manera.

Sin embargo, para mi sorpresa, una semana después me volvieron las ganas de trabajar por la cultura. El nuevo plan también era sencillo: utilizar toda la artillería de versos que me brindaban los libros de poesía y dispararla directamente al pecho de los transeúntes. Sin prisas, elaboré un cartel de tamaño adecuado y escribí de mi puño y letra el famoso poema que dice claramente que nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas. Y a continuación me senté a esperar la reacción.

Desde entonces, la realidad no ha cambiado un miniápice y el bar sigue siendo más frecuentado que la biblioteca. Pero ya no me importa, porque resulta que desde que puse el cartel a un par de personas se les ha despertado un súbito amor por la poesía, que han acabado por extender a mi persona, dándome una nueva perspectiva de la vida cuando la miras desde el punto G. Y la verdad, mola. Mola comprobar que si cuidas de los libros, los libros cuidan de ti.

martes, 21 de noviembre de 2017

Movida en el monte público


1.
Si una ministra del gobierno
no estuviera detrás de la empresa Fuckalipto S.A.,
no habría tanto fuckalipto de aquella manera
y no estarían de farra por los montes cada verano
los cuatro del apocalipsis dándolo todo.
Pero como la ministra es una auténtica profesional
que se sabe todos los trucos de su oficio
está atornillada a su poltrona constitucional,
el fuckalipto prospera a plena luz del día
y los cuatro cabrones siguen haciendo
lo que mejor saben hacer.

2.
Los montes comunales
son excelentes barreras naturales
contra la plaga del fuego,
y excelentes barreras sociales
contra la plaga de la propiedad privada.

3.
El lunes fui al monte público
a cortar cuatro pinos y  cavar otros tantos hoyos
por aportar algo de biodiversidad 
sin dar el cante.
El martes llevé unas garrafas de agua.
El miércoles trasplanté 
dos melocotoneros y dos azufaifos.
El jueves me di una vuelta 
para comprobar que todo iba bien.
Y el viernes volví de patrulla,
con la suerte de poder disparar
un dardo paralizante al forestal
antes de que se percatara de mi presencia en la zona.
El sábado tuve que atender unos trapicheos
que tenía atrasados y el domingo descansé.

El lunes volví al monte público
y el martes, entre las zarzas,
encontré una máquina de coser.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Un día, la Naturaleza dejará de ser una palabra escrita en la pared (verde)

Lo cierto es que hubo un monte de 3.800 hectáreas de pino resinero en perfecto estado de conservación,
atendido por un ejército de mulas, muleros y resineros del lugar 
que hacían que el riesgo de incendios fuera mínimo, 
a pesar de ser el pino un árbol que se inflama fácilmente por la vía rápida.

Lo cierto es que hay un monte de 3.800 hectáreas de pino resinero en perfecto estado de abandono,
desatendido por un ejército de burócratas demócratas
que hacen que el riesgo de incendio sea máximo,
y que cada segundo que el monte pasa sin arder se convierta en un auténtico milagro.

Lo cierto es que habrá 3.800 hectáreas de monte comunal de árboles autóctonos, 
donde la tierra estará acolchada.

Un lugar impenetrable para el fuego, donde solo se podrá entrar de hocico.

lunes, 25 de septiembre de 2017

La vida real, es decir, la vida desde un punto de vista demasiado económico


Como ando necesitado de ayuda monetaria, reúno a un grupo de amigos para pedirles prestados 1.370 euros a cada uno, a devolver cuando se pueda, para empezar un negocio con el que espero ganarme honradamente la vida. Pero con muy buenas razones me van diciendo que no, porque todos tienen marrones que atender sin falta.

Entonces voy al banco a pedir un crédito y como no tengo avales, también me dicen que no.

Desesperado, acudo al ayuntamiento a solicitar el permiso para abrir el chiringuito de verano de la piscina, y me dicen que el chiringuito sale a subasta y se adjudica al mejor postor.

Totalmente desesperado me dirijo a un famoso puente que cuelga sobre el abismo con una idea fija en la mente y, gracias a Dios, cuando todo parecía perdido aparece el Diablo dispuesto a compartir conmigo los tres pilares de la sabiduría: mentir, robar y estafar.

Desde entonces todo me va de maravilla, y ahora son los amigos los que vienen a pedirme las monedas, el banco me ha acogido en el consejo de administración y el ayuntamiento no se corta a la hora de llamarme hijo verdaderamente predispuesto.

lunes, 3 de abril de 2017

El perro


Un hombre bueno, todo hay que decirlo, circula alegremente por una carretera comarcal de la sierra de Alcapón montado en un todoterreno de a 15 litros por cada 100 km por estas tierras, cuando, de repente, ve un cachorro de perro con toda la pinta de abandonado.

El hombre, todo emotividad, para y recoge el perro. Después de dos maravillosos minutos de caricias y lametonchúis mutuos, surge de manera contundente la pregunta de qué hacer con el perro, porque mañana se vuelve a Madrid y no se lo puede quedar.

Nuestro buen samaritano se siente tan abandonado como el perro. ¿Cómo puede ser que nuestra mierda de sociedad no tenga un lugar donde dejar a los animales abandonados para que puedan llevar una vida plena?

Poco a poco va volviendo a la realidad: soy Fulanito de Tal, hijo de mi madre, friso los 58 y mi fragancia favorita es la de jazmín. Recuerda incluso que hoy es sábado por la mañana y que la gente del Mercado de la Tierra estará en la plaza. ¡Estoy salvado! Seguro que allí saben qué hacer con el perro, vamos que me lo quitan de las manos, piensa.

Además de otras trescientas mil cosas en la vida, vender en la calle es duro. Por si fuera poco, esta región es un mundo aparte. Un mundo donde las circunstancias mandan y las convicciones no se quieren ni para lucirse en oratoria. Pero como también forma parte de este planeta, la publicidad ha seducido a los habitantes de la zona y el consumismo atroz se ha convertido en el modus vivendi habitual, marginando la artesanía o la venta directa de productos en la calle.

En este ambiente duro y hostil, el hortelano que vende sus verduras en el mercado mira la plaza prácticamente vacía y piensa que los productos de la huerta se le van a echar a perder. El panadero piensa en la leña, la harina, el horno, la levadura madre que acarrea desde hace cinco años por toda la península Ibérica y parte de Baleares, y que el pan se le va a echar a perder. El de la cosmética natural lee un artículo en el periódico. Por lo visto, un australiano hace mantillo enriquecido con guano de murciélago que vende a precio de oro y piensa, mañana mismo me compro el traje de Batman y así aprovecho mis propios insumos.

Cada uno está en sus cosas y apenas se dan cuenta de que un todoterreno ha aparcado en la entrada de la plaza. El buen hombre baja del coche y se dirige a los puestos del mercado. Camina algo encorvado, parece un cachorro de perro con pinta de abandonado. Casi sin dar los buenos días, les cuenta la película:
-Por favor, es que me he encontrado un perro abandonado y no puedo quedármelo porque mañana me tengo que ir a Madrid. ¿Alguno de vosotros se podría hacer cargo de él?
-Imposible -responde uno-. Yo vivo en un piso de 62 metros cuadrados rodeado por todos los lados.
-Imposible -añade otro-. Yo tengo dos y ya no quiero más. Estoy harto.
-¡Al loro! -exclama un tercero-, yo recogí un perro, lo llevé a una perrera y allí no había perros. Me dio tan mal rollo cuando lo dejé que no vuelvo a recoger un perro nunca más. De todas formas, llama a la policía municipal a ver qué te dicen.

Media hora después aparece la policía municipal. Sacan una jaula de perro del coche, meten un jaula con perro en el coche y se piran. Nuestro hombre dice adiós con la mano. Parece más estirado, todo sentimiento en cualquier caso. Yes, we can, piensa.

Los municipales dejan la jaula con el perro en un patio del ayuntamiento. Le ponen un poco de agua y un montón de galletas para perro de marca blanca para que pase el fin de semana. El lunes llamarían a Julio, un agente forestal que, en la medida de sus posibilidades, se hace cargo de los animales abandonados. Y así fue, llamaron a Julio para que se quedara con el perro, pero Julio dijo que no podía, que estaba a tope, que hacía meses que le habían prometido ayuda desde la mancomunidad de municipios, pero nada. 
-Bueno, tráemelo, ¡qué le vamos a hacer! -dijo a última hora.

Quedaron a las seis de la tarde para hacer el change del cachorro.
-Es que es una putada -se quejaba Julio-. No tengo sitio, no puedo más. Necesito ayuda.
-Nosotros te creemos Julio, de verdad -dijo el munipa bueno.
El compañero regular fue a por la jaula con perro y se la dio a Julio.
-¡Ah, joder! Es un cachorro de mastín. Este enseguida encuentra dueño.
-Claro que sí, Julio, eres un campeón. Hasta luego.
Y se fueron. El regular conducía, mientras el bueno rellenaba un formulario para ir adelantando trabajo.

lunes, 13 de febrero de 2017

Gloria eterna a las mulas


No se trata de regalar a las mulas 33.332 hectáreas a su nombre para que hagan tranquilamente su vida al natural, sino de que las mulas, con su esfuerzo tirando para nosotros, se las han ganado de sobra.

Tanto hemos tratado a las mulas como herramientas para aprovechar su fuerza de tiro, que se nos ha olvidado completamente la fuerza que proporciona su sola compañía.

En cualquier caso, quedan ya pocas mulas circulando por la Gran Vía madrileña. Y si me apuras, también por los montes de aquí alrededor. Así que, quizás sea un buen momento para recordar que mientras todas las mulas tienen cara de buena persona, la mayoría de las personas tenemos cara de acelga.

                                                    ......


Según cuentan numerosas cartas de soldados de todos los bandos implicados en la Primera Guerra Mundial, la compañía de una mula ayudaba a no volverse loco durante un bombardeo de artillería.

En alguna de esas cartas, incluso llaman a las mulas mi ángel.


Pinto y Catalina en su puesto de trabajo


lunes, 5 de septiembre de 2016

Moralinas, las justas

1.
Yo podría escribir 211 cuartillas de mi puño y letra
en las que explicase a un público joven y entusiasta
qué es el interés general.

Ahora bien, lo que es señalarlo con el dedo corazón,
como diciendo: "Sí, aquello que brilla descaradamente
es el magnífico interés general del que todos hablan",
no podría hacerlo de ninguna de las maneras.

En realidad, en el estercolero del yo, mi, me, conmigo
en el que me desenvuelvo con total desenvoltura,
nadie podría señalarlo.

Como mucho, el más aventajado, sin duda,
es capaz, de cuando en cuando, de romper la monotonía
y de viva voz marcarse un plural mayestático en plan nos, el rey...

2.
Hoy unos cuantos compinches hemos visto a un niño partirse los dientes bajando por una escalera. No te creas que no le habían avisado del peligro. De hecho, su madre venía diciéndole que tuviese cuidado desde tres calles atrás. Pero nada, el niño estaba enciscaíto jugando al Pokemon y cuando se ha querido dar cuenta, estaba masticando suelo perfectamente bacteriano.
Ni que decir tiene que cuando se lo llevaba la grúa, los demás nos hemos partido el culo.
Menos mal que de toda experiencia se puede sacar algo bueno y el niño, del tirón, habrá aprendido la diferencia abismal que existe entre la realidad virtual y la cruda realidad.

3.
Nunca podrán los científicos, por muchos estudios que hagan, descubrir el remedio para la inmortalidad, pero sí que podrán, más temprano que tarde, sustituir cualquier miembro carcomido del cuerpo humano por otro nuevo de laboratorio, hasta convertirnos en seres biónicos.

Incluso, puestos a pedir virguerías a los cientis, estoy seguro de que conseguirán convencernos, por fin, de que el alma existe, aunque será mejor llevarla desconectada porque come mucha batería.

4.
El tema de las soluciones para un futuro mejor tiene enganchaíta a toda la peña. Vale, estupenda crítica de la realidad (como si fuera tan fácil hacer una estupenda crítica de la realidad), pero cuál es la solución que tú propones, dicen siempre, antes de que la angustia los consuma como peces huidos de piscifactoría cuando por primera vez en su vida divisan mar abierto.

Un amigo mío, cuando después de disertar le preguntan por las soluciones, siempre responde lo mismo: "Yo me conformo con que el personal deje de decir qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, y empiece a decir qué hijos vamos a dejar al mundo".

Luego pone su mejor sonrisa y reparte sus tarjetas de presentación por si alguien quiere más: Lao Tse,
viajando hacia el oeste en una búfala de agua, tan tranquilamente.

5.
Este verano hay mucha vieja grulla pinturrujeada,
amiga de sus amigas, paseando por la calle
con oro al cuello y perrito en la mano.
Y también mucho capullo disparando a todo lo que se mueve.

Son tiempos difíciles, ¡qué duda cabe!
Aunque al menos todo el mundo sabe ya
que el amor al prójimo es una enfermedad
que se cura fácilmente con buenas friegas de egoísmo.

lunes, 4 de julio de 2016

Aventuras veraniegas de un trabajador a cargo de la biblioteca de un pueblo pequeño

Estos meses de verano ando trabajando en la biblioteca de un pequeño pueblo, y como resulta que no hay presupuesto para realizar actividades, el lugar languidece y las telarañas prosperan. Aun así, yo quería intentar algo para cambiar la situación, y una mañana me decidí a llamar directamente a Javier Pérez Reverte.

-Perdona que te moleste, Pérez Reverte, pero es que trabajo en la biblioteca de un pequeño pueblo y no tengo presupuesto para nada.
-Vaya, qué situación más desagradable. Cuánto lo siento, de verdad.
-Sí, es una pena. Estaba pensado que si tú...
-Por supuesto, cuenta conmigo para lo que sea. Las bibliotecas son armas cargadas de futuro.
-Sabía que podía contar contigo. Mi novia me decía que seguramente estarías muy ocupado.
-No te preocupes por nada, que te tengo en mis pensamientos.
-Entonces, ¿cuento contigo para que este verano te pases un día y hagamos unas actividades con la chavalería del pueblo y los parroquianos que se quieran apuntar?
-Imposible, este verano estoy ocupadísimo. Ahora mismo estoy con la presentación de mi último libro, con la presentación de una tienda online que he abierto con un colegui, y chico, está lo de Twitter, que me tiene enganchaíto. Ademas, piensa que eres el 3.024 que me cuenta esa película en lo que va de año.Vamos, que hasta 2018 imposible de todas, todas.
-No pasa nada, Reverte. De verdad, no te agobies, lo entiendo. Tú aprovecha el tirón que nunca se sabe cuándo vendrán tiempos peores, y oye, gracias por atender mi llamada.
-Ha sido un placer. Esta vida es una locura. No paro.
-Bueno, de todas formas te voy a nombrar escritor de la semana y pondré en el ángulo oscuro de la biblioteca, de su dueño tal vez olvidados, silenciosos y cubiertos de polvos, tus libros.
-Pues cambio y corto, y hasta la vista ciclista.
-Pues me las piro, vampiro.


...

Menos mal que una nieta de Gloria Fuertes dijo que sí en cuanto le conté la problemática. Por lo visto su abuela siempre le decía que las bibliotecas eran armas cargadas de futuro, y a ella, aunque andaba un poco liada, le encantaba empuñarlas. De puta madre. Mañana mismo, en cuanto llegue a la biblioteca, voy a nombrar a Gloria Fuertes escritora del mes y a poner sus libros en la barra del bar de enfrente, para que de verdad estén con el público, porque ya se sabe: si el profeta no va a la montaña, tendrá que ser la montaña la que vaya a presentarle sus respetos al profeta.

viernes, 24 de junio de 2016

Me presenté a las elecciones

El otro día me presenté a las elecciones municipales en el pueblo del que soy vecino desde hace 12 años, y puedo decir que fue una experiencia muy provecha, a pesar de que el resultado de mi candidatura fue un rotundo fracaso. De hecho, solo obtuve dos votos: el mío y el de Julia.

Pero no importa, al menos he demostrado que soy un demócrata, que participo en las instituciones, que respeto la soberanía nacional expresada en las urnas y que acepto, tranquilísimamente, el resultado de las mismas.

Sin embargo, cuando pienso en el programa electoral con el que me presenté a las elecciones, me sigue pareciendo muy atractivo y potente. Si no recuerdo mal, estos eran algunos de los puntos básicos:

- Utilizar el recinto de la plaza de toros para ampliar la biblioteca municipal, de manera que quien quiera toros se vaya al pueblo más cercano y quien quiera leer, tengo libros para aburrir.

- Utilizar el recinto del campo de fútbol para preparar de la manera más artesanal posible un compostero municipal en uno de los extremos, y en el otro, instalar unos hornos de leña para la elaboración de pan y bollería fina.

- Colocar macetones de estevia para uso y disfrute del público en general donde antes había parrillas para preparar la carnaza.

- Prohibir absolutamente el uso de pesticidas en todo el término municipal, bajo amenaza de recibir dos avisos por las buenas y un tercero por las malas malas, para asegurar que nunca, bajo ningún concepto, nadie vuelva a saltarse  la prohibición.

- Cancelar la contrata privada del cámping municipal y ponerlo a funcionar como cámping municipal a la manera francesa: barato, limpio, silencioso y con personal local, legalmente contratado.

- Acabar con los vertidos repugnantes al río, aunque solo sea porque lo mires como lo mires, el agua es vida.

- Parar y desterrar para siempre el uso del cementoperro y los detergentelientes en todo el término municipal.

- Hacer todas las gestiones necesarias, diurnas y nocturnas, para dejar el pueblo totalmente fuera de cobertura.

- No aportar dinero de las arcas municipales para celebrar fiestas, ya sean patronales o del veraneante.

En definitiva, lo que decía mi eslogan de campaña: "Para qué conformarte, si puedes vivir de puta madre".

No pudo ser. El candidato del Partido Torpedo ganó las elecciones. Quizás porque había prometido ampliar la plaza de toros y el campo de fútbol, destinar una importante partida del presupuesto municipal a celebrar las fiestas como el pueblo se merecía, instalar micro-macro receptores para asegurar la cobertura total en todo momento, etc., etc., del mismo palo.


                                                                    ...

Es cierto que un pueblo que cuida su entorno natural y se olvida de las infraestructuras difícilmente podrá transformar en dinero los recursos naturales de los que dispone, pero no debemos olvidar que esos mismos recursos naturales cubren las necesidades básicas de cobijo, manutención, abrigo, hoguera popular por las noches con bota de vino opcional, etc.

Por supuesto, en un pueblo que cuide su entorno natural hasta el punto de confundirse en él, ningún padre podrá regalar la Ploy Station a su hijo y tendrá que conformarse con verlo crecer sano, fuerte y con toda la energía de una bestia salvaje, al menos hasta que otra bestia más salvaje diga lo contrario.

Pero, también es cierto, para aquellos que piensan que un pueblo solo mejora si gana dinero, que un pueblo que cuida su entorno natural hasta el punto de confundirse en él, se convierte, hoy en día, en algo verdaderamente peculiar, que también puede ganar dinero a la manera que lo hace Bután: 300 dólares de visado por persona y día.

Por mi parte, yo creo que lo suyo es olvidarse del dinero, y que todo el que quiera venir a convertirse en musgo sea bienvenido. Solo en castañas, leche de cabra y agua tenemos para aguantar hasta que lleguen las aceitunas, las lombardas, las coliflores, las naranjas, pomelos y limones, hasta que lleguen los guisantes, las acelgas, los rábanos, y así de generación en generación como no podía ser de otra manera.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Dos versiones de la misma historia, aunque solo una se ajusta a la realidad

1.

Nosotros, junto con otros amigos, empezamos un Mercado de la Tierra con frutas y verduras ecolocales un año antes de que empezara la crisis. Y aunque siempre fue una actividad minoritaria, acudía un grupo muy variado de personas dispuestas a contribuir con una bonita suma de dinero y una sonrisa. Cada sábado que montábamos el mercado conocíamos a varios profesores de Biotodo y parejas de la capital dispuestas a venirse a vivir al pueblo cualquier día de estos. Y todos decían lo mismo: "Cada vez hay más gente concienciada de la importancia de la ecología".

Cuando de verdad empezó la crisis, el comentario que más escuchábamos en el mercado era: "Ahora la gente se dará cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes".

Últimamente, apenas se ven profesores de Bionada ni urbanitas de visita por el mercado, y el variado grupo de personas que acudía al principio ha quedado reducido a un grupo de amiguetes.

Parecía que con la crisis la gente iba a tomar conciencia de lo que era verdaderamente importante, y resultó que las Bioclases, consumir productos ecolocales y venirse a vivir al pueblo no lo eran.

2.

Nosotros, junto con otros colegas, empezamos un Mercado de la Tierra con verduras y frutas ecolocales, y aunque siempre fue una actividad minoritaria, acudía un variopinto y nutrido grupo de personas dispuestas a contribuir con una bonita sonrisa y un dinero precioso. Cada sábado que montábamos el mercado teníamos la suerte de conocer a varios profesores de Biotodo y a parejas de la capital dispuestas a venirse al pueblo el próximo jueves. Y todos decían lo mismo: "Cada vez hay más gente concienciada de la importancia de la ecología".

Cuando empezó la crisis de verdad, el comentario más escuchado en el mercado era: "Ahora la gente se dará cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes".

Últimamente,  se ven cada vez más Bioprofesores por el mercado, y un elevado porcentaje de urbanitas de los que se querían venir al pueblo se ha venido, por lo que el variopinto y nutrido grupo que acudía al mercado desde el principio ha crecido espectacularmente.

Parece que con la crisis la gente se ha dado cuenta de lo que es verdaderamente importante, y resulta que las Bioclases, consumir productos ecolocales y vivir en un pueblo sí lo son.

viernes, 12 de febrero de 2016

Don Inodoro, el del colmillo de oro

Don Inodoro el del colmillo de oro, sí, hombre, el dicharachero director de sucursal de la caja de ahorros, ese con el que todos los paisanos decían llevarse bien, recibió un día un correo electrónico envenenado que decía así:

DE: Director general de la caja de ahorros.
PARA: Don Inodoro.
TEXTO: Si quieres seguir trabajando con nosotros, tienes que vender estos paquetes de acciones preferentes como sea.

Y eso hizo. Según fueron llegando los paisanos por la oficina, les fue colocando una cruz preferente.

                                                    ....

¿Qué podemos decir de don Inodoro? 
Solo una cosa: don Inodoro fue una víctima que sucumbió
ante el empuje del lado oscuro de la fuerza.
Pudo haber desobedecido a su jefe,
pero prefirió traicionar la confianza
que los paisanos habían depositado en él.

¿Qué podemos decir de los paisanos? 
Solo una cosa: los paisanos son víctimas que sucumbieron
ante el empuje del lado ingenuo de la fuerza
desde el momento en que depositaron en Don Ino
toda la confianza que se negaron los unos a los otros como vecinos.

miércoles, 20 de enero de 2016

¿Dónde estará la conciencia?

1.

No sé lo que es la conciencia, aunque podría citar de memoria una definición, o copiarla aquí directamente de un libro con tan solo un par de faltas de ortografía.

De hecho, si tenemos en cuenta que el 1,1% de la población acumula el 98,9% de la riqueza, que 3/4 partes de la población se ahoga en la escasez mientras la cuarta parte se ahoga en la abundancia, y que la biodiversidad se ha convertido en una marca de yogures reciclables, tendremos que admitir que la conciencia brilla por su ausencia.

Podría citar de memoria una definición, aunque realmente no sé qué es la conciencia. Sin embargo, estoy seguro de que para ponerla en práctica se necesita un esfuerzo muy grande de los músculos más pequeños.

2.

Una amiga que tiene una pequeña sala de teatro me saluda amigablemente y sin más preámbulos, pasa a comentarme que esta tarde ponen una función estupenda al módico de tres euros para los que estén en paro.

Cuando acaba con su discurso, empiezo yo con el mío: "Tengo unos puerros ecológicos excelentes de cosecha propia a 1 euro el hermoso manojo que ves aquí".

Pero mi amiga, que goza de una gran agilidad mental, rápidamente me replica que ayer compró mogollón
a mitad de precio en el supermercado de la esquina. Tras lo cual, me da dos besos y se va.

Por supuesto, cuando llega la tarde, yo no voy al teatro y me quedo en casa viendo una mala película en Internet (que conste que yo soy un gran amante de la cultura y mi amiga, de la agricultura ecológica local).

3.

Si el ayuntamiento no pusiera tantos problemas,
si los comerciantes locales no nos mirasen con recelo,
si a los pequeños productores locales no se les exigiera la variedad que ofrecen los supermercados,
si los consumidores dejaran atrás sus viejos hábitos de consumo,
si la recompensa a los esfuerzos realizados no se midiera por el dinero recaudado
y si las 75 personas que acudieron a la primera reunión no se hubieran reducido a 7 entusiastas a las primeras de cambio,
entonces, quizás, el mercado de frutas y verduras locales 
que montamos desde hace cuatro años todos los sábados por la mañana 
se habría convertido en un ejemplo del futuro que queremos
y no en una actividad francamente aburrida que no le interesa a nadie.