miércoles, 20 de enero de 2016

¿Dónde estará la conciencia?

1.

No sé lo que es la conciencia, aunque podría citar de memoria una definición, o copiarla aquí directamente de un libro con tan solo un par de faltas de ortografía.

De hecho, si tenemos en cuenta que el 1,1% de la población acumula el 98,9% de la riqueza, que 3/4 partes de la población se ahoga en la escasez mientras la cuarta parte se ahoga en la abundancia, y que la biodiversidad se ha convertido en una marca de yogures reciclables, tendremos que admitir que la conciencia brilla por su ausencia.

Podría citar de memoria una definición, aunque realmente no sé qué es la conciencia. Sin embargo, estoy seguro de que para ponerla en práctica se necesita un esfuerzo muy grande de los músculos más pequeños.

2.

Una amiga que tiene una pequeña sala de teatro me saluda amigablemente y sin más preámbulos, pasa a comentarme que esta tarde ponen una función estupenda al módico de tres euros para los que estén en paro.

Cuando acaba con su discurso, empiezo yo con el mío: "Tengo unos puerros ecológicos excelentes de cosecha propia a 1 euro el hermoso manojo que ves aquí".

Pero mi amiga, que goza de una gran agilidad mental, rápidamente me replica que ayer compró mogollón
a mitad de precio en el supermercado de la esquina, tras lo cual, me da dos besos y se va.

Por su puesto, cuando llega la tarde, yo no voy al teatro y me quedo en casa viendo una mala película en internet (que conste que yo soy un gran amante de la cultura y mi amiga, de la agricultura ecológica local).

3.

Si el ayuntamiento no pusiera tantos problemas,
si los comerciantes locales no nos mirasen con recelo,
si a los pequeños productores locales no se les exigiera la variedad que ofrecen los supermercados,
si los consumidores dejaran atrás sus viejos hábitos de consumo,
si la recompensa a los esfuerzos realizados no se midiera por el dinero recaudado,
y si las 75 personas que acudieron a la primera reunión no se hubieran reducido a 7 entusiastas a las primeras de cambio,
quizás, entonces, el mercado de frutas y verduras locales 
que montamos desde hace cuatro años todos los sábados por la mañana, 
se habría convertido en un ejemplo del futuro que queremos
y no en una actividad francamente aburrida que no le interesa a nadie.


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