lunes, 13 de febrero de 2017

Gloria eterna a las mulas


No se trata de regalar a las mulas 33.332 hectáreas a su nombre para que hagan tranquilamente su vida al natural, sino de que las mulas, con su esfuerzo tirando para nosotros, se las han ganado de sobra.

Tanto hemos tratado a las mulas como herramientas para aprovechar su fuerza de tiro, que se nos ha olvidado completamente la fuerza que proporciona su sola compañía.

En cualquier caso, quedan ya pocas mulas circulando por la Gran Vía madrileña. Y si me apuras, también por los montes de aquí alrededor. Así que, quizás sea un buen momento para recordar que mientras todas las mulas tienen cara de buena persona, la mayoría de las personas tenemos cara de acelga.

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Según cuentan numerosas cartas de soldados de todos los bandos implicados en la Primera Guerra Mundial, la compañía de una mula ayudaba a no volverse loco durante un bombardeo de artillería.

En alguna de esas cartas, incluso llaman a las mulas mi ángel.

Pinto y Catalina en su puesto de trabajo


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