miércoles, 26 de noviembre de 2025

Las aceitunas hacen lo que quieren

 

Cultivo 30 olivos con amor y dedicación, tal y como aconseja el refranero castellano. Me preocupo verdaderamente de su bienestar y estoy atento a que nadie los incomode, empezando por un servidor. Observo la luna para dejar que ciertas tareas las termine ella, pero, sobre todo, rezo para que la cosecha sea abundante.

Rezo porque, a pesar del cuidado que le pongas, las aceitunas, la verdad, hacen lo que quieren. Basta una inversión térmica de 18 horas para que la cosecha mengüe hasta el punto de poder hacer tu retrato con el cinco, el seis y el cuatro. Una lluvia de granizo de tan solo un cuarto de hora bien aprovechado y adiós muy buenas. Ese incendio que prende los veranos...

Cultivo 30 olivos con amor y dedicación para agradecer la existencia de tales portentos, pero la cosecha está fuera de control. Sucede lo que la Naturaleza quiere, y así tiene que ser.

Nadie tiene todos los triunfos en la mano. Lo que puede ser una mala cosecha para mí, puede ser muy buena para los gusanos. Lo que puede ser una buena cosecha para mí, puede ser todavía mejor para las abejas y los pájaros.

Lo llaman el ciclo de la vida... y ahí vamos.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Ese campeón sigue en la brecha

 

Ese campeón podría sentir que cuando el sol se va, es hora de encender la hoguera, una vela y, más temprano que tarde, meterse en la camichuela.

Pero prefiere sentir el poder de la electricidad y seguir en la brecha. Prefiere seguir haciendo sus cosas, pero solo consigue alterar su naturaleza.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Solo tienes que venir a mi espectáculo los domingos

 Algunos van de cara con sus semejantes y les dicen, tal cual, lo que hay: si te dejas llevar por la ira, nunca tendrás paz interior.

Otros, en cambio, prefieren contar películas: si te dejas llevar por la ira, nunca entrarás en el reino de los cielos.

El problema viene cuando preguntamos cómo se hace para no dejarse llevar por la ira.

Algunos, que siguen yendo de cara, contestan tú mismo, tienes toda la vida por delante para descubrirlo.

Otros, que han aprendido a vivir de contar películas, contestan desde un escenario, no te preocupes, solo tienes que venir a mi espectáculo los domingos y dejar algo en el cepillo.

Algunos van de cara con sus semejantes, tal como han aprendido de los perros, y otros se ponen una máscara

domingo, 2 de noviembre de 2025

Listo y motivado para recoger castañas. Temporada 2025

Este año hemos pasado del colega y sus castañas autóctonas y hemos formado cuadrilla con otro paisano que tiene un castañar bien surtido de castañas híbridas, del tipo 9040. Esos castaños dan unos castañas grandes como monederos. Llenas la cesta tan solo con tres golpes de riñón. Además, la cooperativa las denomina serie oro y las pagan mejor.

El dueño está contento con nosotros. Dice que le salimos más baratos que una succionadora de castañas, y nosotros también estamos contentos con él, porque nos paga un tanto más que el autóctono.

Cuando acabamos el día, el dueño nos dice que cojamos una cesta para nosotros, pero le contestamos que no, que, en verdad, no saben a nada.

Para castañas buenas, las autóctonas del colega. Cualquier día tendremos que pasarnos a verle y recordar viejos tiempos. Y de paso, le cogemos una cesta para él y otra para nosotros, hasta llenar un saco para él y otro para nosotros. Están buenísimas, un manjar a tope de vitaminas y minerales que facilitan enormemente el tránsito del alimento del intestino al hueso...

-¡Qué bien te vemos! -le diremos.

-¡Cabrones, dónde estabais escondidos! -responderá él.

-Pensábamos que te habías comprado la succionadora.

-Claro, dos...

Pero, bueno, en el campo todas las manos son bienvenidas, y por muy cabreado que esté con nosotros, está solo, rodeado de 13.000 kg de castañas, y no le queda otra que decir que sí, que vale, cabrones, podéis empezar por allí.

martes, 28 de octubre de 2025

La fuente de La Piña


Hay un grupo de personas que se reúnen espontáneamente a coger agua en la fuente de La Piña. Entre bromas y veras van llenando las garrafas y, con el transcurrir de los días, surge de extranjis un pequeño mercadillo improvisado en el maletero de los coches y en las bolsas que traen de la mano los que vienen de paisano.

Una se llama Nicolasa y otro, Blas. Uno viene con un perro y el perro viene sin collar. Una riega dos manzanos y otro, tres higueras de corral.

A veces ganas 18 euros y otras, por la misma cantidad, compras lo que en otro lado te hubiese costado más de cuarto y mitad.

En la fuente de La Piña todo el mundo es bienvenido a trapichear con entusiasmo, mientras no lo haga con su turno en la fila, moleste el movimiento palante de la misma o entretenga al compadre que está surtiéndose del agua bendita.

La fuente de La Piña se ha convertido en el lugar perfecto para practicar la buena convivencia, porque nadie se hace de oro a base de pequeños tejemanejes y porque todos nos vamos contentos con el oro que llevamos en las garrafas.