domingo, 2 de noviembre de 2014

'Ossobuco' con salsa de otoño

Estamos en plena temporada de calabazas y castañas, así que ayer decidimos prepararnos una buena comida con estos dos ingredientes tan otoñales y el resultado no nos decepcionó en absoluto. Este ossobuco con salsa de puerro, calabaza y castaña requiere una preparación algo larga, pero está mucho mejor si reposa una noche, así que es perfecto para dejar lista la comida del día siguiente. Las verduras que utilizamos son las que tenemos ahora mismo en el huerto, las castañas las recogimos por los alrededores del pueblo, y el ossobuco es de nuestros amigos de la Dehesa de la Serna, así que no nos ha podido salir una receta más local. Lo único que nos llegó de un poco más lejos fue el curry para darle un toque especial a la salsa :-D.


Ingredientes para 2 personas:
-un ossobuco
-un puerro grande
-un buen trozo de calabaza (si no quieres que quede demasiado dulzona la salsa, echa menos calabaza)
-unas 15 castañas
-agua
-sal, aceite y curry.



Preparación:
1. Pica la parte verde del puerro en tiras y saltéala con un poco de aceite en la cazuela que vayas a preparar el guiso. Añade el ossobuco y márcalo un poco por cada lado (esta pieza de carne tiene una especie de membrana alrededor, así que conviene hacerle tres o cuatro cortes en el borde para que no se encoja). Añade agua hasta cubrir el ossobuco y sal. Tapa la cazuela y deja cocer la carne aproximadamente una hora y quince minutos. 



2. Cuando veas que le queda alrededor de media hora para estar listo (más o menos cuando la carne empieza a despegarse del hueso), incorpora la parte blanca del puerro cortada en tiras, la calabaza en cubos y las castañas peladas. Añade un poco más de sal y el curry 
(yo eché más o menos una cucharadita, pero depende de lo que quieras que destaque esta especia en la salsa). Deja cocer otra media hora, o hasta que la carne esté completamente tierna (el tiempo final de cocción depende del tamaño del ossobuco).


3. Pasa la salsa por un pasapurés, o deja la verdura en trozos, como prefieras, y prepárate para disfrutar de un plato de los que te dejan una sonrisa en la boca. Nosotros lo acompañamos con un poco de arroz y la combinación nos gustó bastante.
¡Qué aproveche!


jueves, 16 de octubre de 2014

La lavadora 'cojitrabunda'

El caso es que no tengo teléfono móvil, y no estoy seguro de si es porque no tengo dinero, porque ando escaso de parné, porque me he hecho unas manoplas con el forro de los bolsillos o simplemente porque el otro día metí en la lavadora los pantalones donde lo guardaba, con tal mala suerte de que en el primer centrifugado se fue la luz. Los operarios del ayuntamiento habían cortado con la motosierra, en un descuido, ciertos cables que no debían, dejando a todo el barrio a oscuras, y eso que eran las doce del mediodía. 

La verdad es que ni me di cuenta de la movida. Desde hacía un par de días andaba metido en un estado de ánimo cabizbajo por no decir cojitranco y meditabundo, porque no me entraba en la cabeza, por más vueltas que le daba, que los ceros a la izquierda no valgan para nada y sin embargo los ceros a la derecha nos hagan babear, cuantos más mejor. Solo cuando la vecina de arriba empezó a berrear mandando a tomar por culo a su marido, caí en la cuenta de que la lavadora había dejado de hacer la ola. Entonces la desenchufé, puse la ruleta de mando en un lugar llamado stop, conté hasta diez de menor a mayor, alternando el cardinal de uno con el ordinal del siguiente, y del tirón volví a enchufar la lavadora y a mover el mando hacia la casilla de inicio, y la máquina empezó de nuevo a girar por su propio eje.

Como la cosa volvía a funcionar, aproveché para retomar mis meditaciones, que más o menos venían a ser cuestiones como: ¿es mejor hacer mogollón de mermelada de zarzamora para cuando llegue el otoño-invierno, o comer zarzamoras hasta la sobredosis diaria recomendada y cuando se pase la temporada adiós muy buenas y a otra cosa mariposa, como puede ser darle al tomillo en infusión o en transfusión?

En realidad, la cuestión parecía sencilla, y sin embargo, dos días después seguía sin tenerlo claro. Había llegado a un callejón sin salida cuya única salida era volver a la realidad, es decir, hacer alguna gestión vía móvil de tercera generación, pero como te imaginarás, no pude hacerlo por lo que te vengo contando.

Y desde entonces, ahí voy, sin móvil por la vida.

Si quieres que te diga la verdad, me he dado cuenta de que en realidad no lo necesito, no me hace falta. Todo el mundo sabe que soy una persona de rutinas. Todo el mundo sabe que todos los meses de mayo me gusta pasarlos en Singapur atendiendo unos negocios. Todo el mundo sabe que me gusta pasar el otoño en un pueblo del Pirineo catalán cerca de Queralbs, y que para recibir el año nuevo nada mejor que alojarse en esas cabañas superamuebladas en las Islas Maldivas.

Ya digo, una persona de costumbres a la que es fácil localizar si pasa cualquier cosa. Sin embargo, ya ves, soy incapaz de vivir sin lavadora, porque ya sabes lo que dicen: no es más limpio el que menos ensucia sino el que más lavadoras pone.


El autor totalmente cojitrabundo

jueves, 9 de octubre de 2014

Porque menos es más

Después de unos meses de inactividad en el blog, aquí estamos de nuevo, con mucha energía y ganas de darle un cambio a nuestro proyecto. Y es que en este tiempo de silencio, hemos repensado lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos. 

Cuando empezamos a ofrecer nuestros productos de cosmética hace ya algunos años, nuestra primera idea fue elaborar únicamente productos de caléndula. La caléndula la cultivamos en nuestro huerto y el aceite de oliva lo compramos en un pueblo cercano, así que elaborar productos con esos dos ingredientes como base era la opción más sostenible que se nos ocurrió.

Sin embargo, aquel deseo inicial se fue transformando ante la posibilidad de tener una lista de cosmética amplia que incluyera algo para todos los gustos, para todas las necesidades, para todas las edades. Actualmente, es increíblemente sencillo acceder a cualquier ingrediente que queramos añadir a nuestro jabón o crema, por exótico que sea. Basta un clic en el teclado del ordenador y a los pocos días aparece en tu casa como por arte de magia.

A pesar de todo, siempre te falta algo. Cuando no es el jabón de rosa mosqueta, es la crema de baba de caracol, y cuando no la piedra de alumbre. Así que hemos ido comprando más y más ingredientes hasta que un día, al mirar el armarito de los aceites, pensamos: ¿es esto realmente lo que queremos hacer?; ¿de verdad necesitamos todos estos aceites, magníficos sí, pero exóticos y carísimos y que dentro de un año van a quedar muertos de risa en su frasco porque han pasado de moda?

De modo que hemos adoptado una postura intermedia entre la idea original basada en la caléndula y el frenesí acaparador que nos había invadido últimamente, y hemos simplificado nuestra lista de productos para intentar que la mayoría de los ingredientes sean locales. El aceite de oliva, adquirido en pueblos cercanos, será la base de casi todos nuestros productos. Y para añadirle más propiedades aún, utilizaremos hierbas cultivadas por nosotros o recolectadas en los alrededores. Aún así, mantendremos ciertos aceites que nos parecen muy interesantes, como el de argán o el de rosa mosqueta. Y aunque en un principio la lista de productos haya quedado bastante reducida, esta nueva apuesta nos obligará a buscar nuevas plantas, nuevas combinaciones, nuevas opciones con lo que tenemos a mano. 

A nosotros nos encanta este nuevo giro que ha dado el proyecto de Gente Lombriz, y esperamos que a vosotros también os resulte interesante.  

miércoles, 27 de agosto de 2014

Tribus del desierto

La vida de la tribu de los hombres y mujeres camello
gira en torno a los camellos:
comen, beben y montan camello.

Puede parecer una vida algo monótona,
pero ellos eran felices así.

Todo se jodió cuando la geopolítica internacional
se metió de por medio y de la noche a la mañana
el territorio de las mujeres y hombres camello
fue dividido en tres países diferentes,
y los oasis que les daban vida
fueron declarados puntos de interés nacional
y de acceso bastante restringido.

La tribu de los camellos,
esas buenas gentes que comían, bebían y montaban camello
a lo largo y ancho del desierto,
había resistido muchas tormentas de arena
a lo largo de su milenaria historia,
pero la geopolítica internacional fue demasiado para ellos.

Acabaron igual que los mohicanos:
a tomar por culo del desierto,
vendiendo en las esquinas
periódicos de segunda mano.

jueves, 5 de junio de 2014

La enseñanzas de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

Producto Interior Bruto.
Prima de riesgo.
Deuda pública.
Deuda privada.
Déficit Diferencial Diferente.

Estos son un buen ejemplo de los factores fundamentales por los que se rige nuestro modo de vida. Y valores como la amistad, la fraternidad, la vecindad bien avenida, la salud, la atención al que más lo necesita, la reflexión sin pausa pero sin prisa parecen relegados a una recóndita región de una galaxia lejana.

Tan lejana como la costa sur de América del Norte por la que anduvo perdido a partir de 1527 el bueno de Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Por lo que cuenta en sus libros, sabemos que estuvo conviviendo con tribus lugareñas verdaderamente pobres que sobrevivían con un plato único de lo que encontraban de temporada (quisquillas, higos chumbos, raíces, raicillas...), y que eran gentes sonrientes y bien dispuestas a bailar en torno a la hoguera la mayoría de las noches.

Esas tribus nada sabían del Producto Interior Bruto, la prima de riesto, etc., etc., pero aún así, o quizás por eso, eran felices, según atestigua De Vaca. Si finalmente desaparecieron como tribu, no fue debido a su pobreza, sino a los estragos producidos por las enfermedades llegadas con los conquistadores, desconocidas en esas tierras y para las que los nativos no tenían defensas.

Cualquier propuesta de organización social parece que tiene que conseguir aumentar el Producto Interior Bruto, mejorar la Prima de Riesgo, etc., etc., de lo contrario no vale, es utópica, cardiocáustica tirando a marrón, populista sin llegar a popular, irresponchablicista y cosas así. 

Sin embargo, no debemos olvidar que cuando más bajos eran los niveles del paro, con la construcción como sector a tope, más altos eran los niveles de corrupción. Además, ahora sabemos que la crisis, como no podía ser de otra manera, no ha traído una nueva conciencia de lo maravilloso que es tener una vida mejor con menos cosas.

Cualquier propuesta que se haga para organizar una sociedad tiene que contener la máxima: una vida a la medida del ser humano. Más allá, solo hay ego, o si lo prefieres: Producto Interior Bruto, Prima de Riesgo, Deuda Pública, Deuda Privada, Déficit Diferente Diferenciador, etc.