Me quejo, es decir, un amigo mío se queja de que los jabalíes le entran en lo suyo, haciéndole daño donde más le duele.
Pero, ¡mira por dónde!, ni mi amigo ni yo nos cortamos de entrar en el bosque a coger setas, como si también fuera lo nuestro.
Me quejo, es decir, un amigo mío se queja de que los jabalíes le entran en lo suyo, haciéndole daño donde más le duele.
Pero, ¡mira por dónde!, ni mi amigo ni yo nos cortamos de entrar en el bosque a coger setas, como si también fuera lo nuestro.
La solución a la sequía siempre ha sido la misma en todas partes y durante los siglos de los siglos: plantar árboles y valorarlos como una más de la familia. Incluso la ciencia lo dice claramente: las nubes siguen el camino que les marcan los árboles.
Además, la tecnología no puede sacar agua de donde no la hay, por muy tecnología que sea. Es decir, puedes desalar agua de mar, pero, entonces, te quedas sin mar propiamente dicho. El lenguaje popular llama a esta manera de proceder desvestir a un santo para vestir a un fulano que pasaba por allí.
La solución a la sequía que propone una sociedad donde el valor fundamental es el económico solo puede ser económico: gastarse la pasta en apañar griferías, entubados, transporte del líquido elemento, etc. De hecho, vamos a llegar a un punto en el que el teflón escasee en las tiendas como en su día escaseó el papel de comunión en los tiempos del Bicho 19.
Obviamente, para aquel que no pueda pagarlo no es ninguna solución, y aquellos que puedan pagarlo podrán aguantar más tiempo.
Algunos dirán que con la sequía la buena gente se dará cuenta del valor del agua, y otros contestarán que con la sequía esa misma buena gente se dará cuenta del precio del agua.
Ahí lo dejo, me tengo que ir a por agua antes de que den las ocho de la mañana y la cola en la fuente llegue hasta la casa de Vicente.
Todos los mandamases de esta parte del mundo estaban reunidos para celebrar el tanticuanti aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
Luego, al acabar la movida, siguieron haciendo negocios como siempre con todos los mandamases de la otra parte del mundo, que, por lo visto, también tienen sus propias Declaraciones.
Son dos tipos de declaraciones y una sola mesa donde se reparten el turrón.
Cuando atisbas
la complejidad de la vida en la tierra,
creer en extraterrestres, el cielo
o el infierno no parece tan difícil.
Incluso llegas a creer que un robot
es tu mejor amigo,
tan solo con que te siga el rollo.
El genio de la lámpara maravillosa ya no se dedica a conceder tres deseos. Ahora trabaja como coach y en una sola sesión, por 199 pavos, te come la oreja hasta hacerte creer que los deseos los puedes conseguir por ti mismo.
-Tú eres la lámpara maravillosa- le dice al cliente mientras recoge los doscientos amiguitos que salen de un bolsillo.
Y lo creas o no, la gente se va más contenta de la sesión que cuando concedía los tres deseos.
Menos mal que al bueno de Alí Babá no se le ha ido la olla, y sabe que su éxito depende, en gran medida, de la ayuda que le brindan los 40 cabrones que lo acompañan. Por eso, cuando tiene que dar un discurso motivador, se centra en lo importante:
-Nosotros somos una banda de profesionales que dependemos los unos de los otros para hacernos con el botín. Nadie puede hacerlo solo. ¿Estamos?... Vale, y ahora al lío. Vamos a robar la casa de campo del Emir Juanín y nos vamos a traer todo el café que podamos.