martes, 30 de junio de 2026

El lobo, la oscuridad, la parte y el todo

 

Cuando escuchamos el aullido de un lobo, es difícil apreciar cualquier tipo de belleza en él. El miedo nos paraliza, a pesar de ser nosotros criaturas dotadas de un cabronismo tan afilado como los colmillos del dicho anima, y por ello no entendemos que solo es una señal que nos está avisando de que el lobo quiere su parte para pasar el día.

Sin embargo, cuando vemos un atardecer, es fácil sentirlo como un espectáculo sensorial. Entonces sí apreciamos colores y formas maravillosas, como si fuera un regalo que nos hace la vida.

Pero el atardecer es solo la señal que nos avisa de que llega el momento en el que la vista no sirve de nada, el momento en el que somos verdaderamente vulnerables. Eso sí que da miedo de verdad y para ocultarlo preferimos verlo como un show, en el que somos espectadores privilegiados.

Algún día habrá que aprender a apreciar que tanto el aullido del lobo como los colores del atardecer son señales que indican que todas las criaturas tienen su oportunidad de coger su parte, y poder así contribuir al todo. Y dejar de tener miedo y de ver la naturaleza como si fuera un espectáculo.

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