Se habla mucho estos días de la importancia de aumentar el gasto en la sanidad pública, como diciendo que de los recortes lodos, vienen los hospitales hasta los codos, y, efectivamente, el gasto sanitario va a aumentar: el tuyo. De momento, el gasto necesario para hacerte con el equipo standard anti-transmission .
En cuanto al Estado, se gastará lo mínimo en adaptar los hospitales a la nueva normalidad y en equipos de lo más normalitos para el personal sanitario. Ni siquiera vamos a tocar a una cama por enfermo en el pasillo cuando el otoño que viene vuelva la nueva versión, corregida y aumentada.
Eso sí, la experiencia de haber montado un hospital de IKEA en IFEMA será de gran ayuda.
El pasaporte sanitario será otro regalito de la nueva normalidad. Lo de la bolsa de hierba lo puedo pasar, dijo el agente, pero ayudar a cruzar la calle a un octogenarius habiendo tenido paperoflexia de crío, imposible. Multa de las guapas.
Lo suyo sería atender la causa para no tener que atender la consecuencia, como no podía ser de otra manera. Vamos, lo que dicen por ahí: si las macrogranjas de animales producen macrogripes mundiales, evitando las macrograns evitaremos las macrogrips. Sin embargo, siempre se puede tirar por la calle de en medio y buscar la solución fácil que nos ofrece nuestra amiga la tecnología: magic sanitas app. Made in China, por supuesto. El Estado va a aprobar echando ostias el artilugio, que, por si fuera poco, hará más ricos a los ricos.
Mientras tanto, ya lo ves, seguimos esperando la vacuna salvadora, con la que se forrarán los mismos que se han archiforrado puliéndose el planeta, creando con ello el caldo de cultivo necesario para que el virus prospere.
Sin embargo, no en todos lados los estragos producidos por el virus han sido iguales. Las sociedades tradicionales donde todavía no ha llegado el progreso a saco lo han sufrido menos. Al no tener tantas cosas, tienen tiempo para ellos mismos, tiempo para convivir con los ancianos y no aparcarlos en las resident evil, tiempo para hacerse la comida y no comprarla prefabricada, tiempo para desplazarse a pata y no en trampas respiratorio-cardiochungovasculares. Y por aquí es por donde se puede atisbar un camino, por tener menos cosas, llevar una vida de monje e, incluso, hacer el bien sin mirar a quién, como hace la lombriz de tierra, que mientras hace sus movidas a todos beneficia.
Solo era un virus de malamuerte que mutó en comandante, del tipo de los que cuando llega manda a parar, y eso nunca se lo perdonarán. La fiesta caníbal no puede parar mientras quede algoalguien que fagocitar. Así las cosas, de nuestro paso solo quedarán unos y ceros en el altar del materialismo. Solo números... Al menos los rupestres dejaron pinturas en la cuevas, bien chulas por cierto.
jueves, 7 de mayo de 2020
sábado, 2 de mayo de 2020
Tanto que aprender de los findhiniyas
Los findhiniyas viven en la frontera entre Chenisia y el Tíberit
y se dedican a la elaboración de sal de manera artesanal.
Básicamente pasan el día entretenidos llevando cubos de agua por sus propios medios de un depósito a otro, y de este al depósito principal. Luego esperan a que el agua se evapore y aparezca la sal.
Entonces, forman una caravana entre los paisanos que discurre por las montañas durante siete días, hasta que llegan a un pueblo situado en una ruta comercial donde venden la sal y compran las provisiones que necesitan. Y una vez hecho el negocio, vuelven por donde vinieron y vuelta a empezar con el trajín de la sal.
Los occidentales que pasan por allí siempre les hacen la misma pregunta: ¿Por qué no utilizáis algún tipo de motocacharro para llevar el agua? Así ahorrarías tiempo y esfuerzo.
Los findhiniyas, armados de infinita paciencia, siempre responden lo mismo: solo puedes quedarte con la sal que consigas con tu propio esfuerzo. De esta manera no esquilmamos la salina y nos aseguramos de tener siempre el recurso de la sal para seguir llevando nuestra vida sencilla que, como no podía ser de otra manera, nos encanta. Además, por muy bruto que te pongas, nadie consigue tanta sal como para destacar de los demás y creerse el rey del marambambo, lo que nos ahorra tener que tirarlo precipicio abajo.
y se dedican a la elaboración de sal de manera artesanal.
Básicamente pasan el día entretenidos llevando cubos de agua por sus propios medios de un depósito a otro, y de este al depósito principal. Luego esperan a que el agua se evapore y aparezca la sal.
Entonces, forman una caravana entre los paisanos que discurre por las montañas durante siete días, hasta que llegan a un pueblo situado en una ruta comercial donde venden la sal y compran las provisiones que necesitan. Y una vez hecho el negocio, vuelven por donde vinieron y vuelta a empezar con el trajín de la sal.
Los occidentales que pasan por allí siempre les hacen la misma pregunta: ¿Por qué no utilizáis algún tipo de motocacharro para llevar el agua? Así ahorrarías tiempo y esfuerzo.
Los findhiniyas, armados de infinita paciencia, siempre responden lo mismo: solo puedes quedarte con la sal que consigas con tu propio esfuerzo. De esta manera no esquilmamos la salina y nos aseguramos de tener siempre el recurso de la sal para seguir llevando nuestra vida sencilla que, como no podía ser de otra manera, nos encanta. Además, por muy bruto que te pongas, nadie consigue tanta sal como para destacar de los demás y creerse el rey del marambambo, lo que nos ahorra tener que tirarlo precipicio abajo.
miércoles, 22 de abril de 2020
La sequía nos estaba volviendo locos, hasta que llegó el comandante 19 y mandó a parar
En el pueblo dejó de nevar como antaño, luego dejó de llover tanto como solía, y ahora está el tema del agua con mucho danger a su alrededor.
Para más mojete, ante el impetuoso empuje del turismo atroz, se ha empezado a construir en laderas donde solo puede llegar el agua por motobombeo, a través de tuberías tan poco apropiadas que se hace necesario abrir zanjas cada dos por tres para ver dónde hostias está la avería.
Cada vez llueve menos, esa es la verdad, y cada vez
el gobierno apuesta más fuerte por el turismo.
Esta era la terca e inamovible realidad de un estilo de vida suicida que nos estaba condenando a la sequía...
y en eso llegó el comandante 19 y mandó a parar.
Se acabó la diversión y empezó a llover.
(Por aquí llevamos tres semanas de lluvia
como hacía años que no se veía en este mes.)
Creo que para todo el mundo ha quedado claro cómo se arregla el problema de la contaminación del aire, del agua y de la tierra. Otra cosa es que volvamos por el mismo camino, que, sin duda, pintarán de muy verde para cobrarlo más caro.
Son cosas que pasan cuando nos distanciamos tanto de la naturaleza que acabamos pagando, el que pueda permitírselo, hasta por caminar por lo poco que queda de ella.
Para más mojete, ante el impetuoso empuje del turismo atroz, se ha empezado a construir en laderas donde solo puede llegar el agua por motobombeo, a través de tuberías tan poco apropiadas que se hace necesario abrir zanjas cada dos por tres para ver dónde hostias está la avería.
Cada vez llueve menos, esa es la verdad, y cada vez
el gobierno apuesta más fuerte por el turismo.
Esta era la terca e inamovible realidad de un estilo de vida suicida que nos estaba condenando a la sequía...
y en eso llegó el comandante 19 y mandó a parar.
Se acabó la diversión y empezó a llover.
(Por aquí llevamos tres semanas de lluvia
como hacía años que no se veía en este mes.)
Creo que para todo el mundo ha quedado claro cómo se arregla el problema de la contaminación del aire, del agua y de la tierra. Otra cosa es que volvamos por el mismo camino, que, sin duda, pintarán de muy verde para cobrarlo más caro.
Son cosas que pasan cuando nos distanciamos tanto de la naturaleza que acabamos pagando, el que pueda permitírselo, hasta por caminar por lo poco que queda de ella.
sábado, 18 de abril de 2020
El placer de escribir: tú y los protagonistas de tus historias favoritas compartiendo página
Llevaba mes y medio sin cruzarme con nadie, cuando una tarde me encontré, de buenas a primeras , con Jeremías Jhonson todo tirado en el suelo como con un problema de salud tremendo que lo tenía inmovilizado. Inmediatamente me bajé del caballo y le dije:
-Hostias, Jeremías, ¿qué te anda pasando para que estés ahí tirado?
-No sé. Algo me ha golpeado y luego me ha inoculado un veneno que me está paralizando.
-Vale, debuti, lo entiendo. ¿Cómo puedo ayudarte?
-Camina hacia el sur siguiendo el río unos 2 km y encontrarás una cabaña donde vive un sujeto. Dile lo que me pasa y que venga enseguida.
Así lo hice. Fui corriendo hasta la cabaña y encontré al sujeto en cuestión.
-Por Dios bendito, Jeremías Jhonson está en trance de muerte. Me ha mandado a buscarle para que vaya a ayudarle.
Cuando volvimos Jeremías parecía haber empeorado, aunque todavía estaba consciente.
-¡Oh, Derzu Uzala! ¡Eres tú!
-Ah, Jeremías Jhonson, pareces bastante desmejorado.
Entonces Derzu le aplicó una pomada de cosecha propia en el abdomen a base de birllíligo y tomillomero, con tan buen resultado que, al cabo de 24 horas, estaba como nuevo.
-Ten cuidado dónde te metes, Jeremías. No sé qué te habrán contado, pero la realidad es que la vida en la montaña es dura y a veces hasta bonita, pero no al revés.
-Aun así, la prefiero a la guerra -respondió Jeremías.
-Y yo a vivir en un piso -añadí yo.
Y después de un rato de silencio, sin más parafernalias nos pusimos a trapichear del tirón: tabaco por pomada, cecina por guayaminas y pólvora mojada por toallitas secas de Portugal.
Posdatas varias al hilo de la actualidad.
1. Portugal, terra de fraternidade.
2. Distanciarnos tanto de la naturaleza solo podía traer consigo un futuro de distanciamiento social. Es decir, haga el favor de mantener la distancia de seguridad, porque de lo contrario el Gran Hermano lo va a detectar echando hostias y nos va negar los veinte mil puntos cuando volvamos a pasar por la casilla de salida, y sin puntos no habrá manera de ir a ninguna parte.
-Hostias, Jeremías, ¿qué te anda pasando para que estés ahí tirado?
-No sé. Algo me ha golpeado y luego me ha inoculado un veneno que me está paralizando.
-Vale, debuti, lo entiendo. ¿Cómo puedo ayudarte?
-Camina hacia el sur siguiendo el río unos 2 km y encontrarás una cabaña donde vive un sujeto. Dile lo que me pasa y que venga enseguida.
Así lo hice. Fui corriendo hasta la cabaña y encontré al sujeto en cuestión.
-Por Dios bendito, Jeremías Jhonson está en trance de muerte. Me ha mandado a buscarle para que vaya a ayudarle.
Cuando volvimos Jeremías parecía haber empeorado, aunque todavía estaba consciente.
-¡Oh, Derzu Uzala! ¡Eres tú!
-Ah, Jeremías Jhonson, pareces bastante desmejorado.
Entonces Derzu le aplicó una pomada de cosecha propia en el abdomen a base de birllíligo y tomillomero, con tan buen resultado que, al cabo de 24 horas, estaba como nuevo.
-Ten cuidado dónde te metes, Jeremías. No sé qué te habrán contado, pero la realidad es que la vida en la montaña es dura y a veces hasta bonita, pero no al revés.
-Aun así, la prefiero a la guerra -respondió Jeremías.
-Y yo a vivir en un piso -añadí yo.
Y después de un rato de silencio, sin más parafernalias nos pusimos a trapichear del tirón: tabaco por pomada, cecina por guayaminas y pólvora mojada por toallitas secas de Portugal.
Posdatas varias al hilo de la actualidad.
1. Portugal, terra de fraternidade.
2. Distanciarnos tanto de la naturaleza solo podía traer consigo un futuro de distanciamiento social. Es decir, haga el favor de mantener la distancia de seguridad, porque de lo contrario el Gran Hermano lo va a detectar echando hostias y nos va negar los veinte mil puntos cuando volvamos a pasar por la casilla de salida, y sin puntos no habrá manera de ir a ninguna parte.
lunes, 6 de abril de 2020
Esas dos maneras de afrontar los problemas
Conciencia y violencia
son las dos maneras universales
de afrontar los problemas,
pero, mientras acusamos a la violencia
de utilizar la fuerza para imponer su voluntad,
olvidamos con demasiada frecuencia
que la conciencia también necesita de la fuerza
para convertirse en voluntad.
La conciencia exige en cada momento
que demuestres tu compromiso,
igual que la violencia exige
que cada día demuestres
que no te has pasado al enemigo.
Conciencia y violencia
son los dos caminos que se pueden seguir en la vida.
Uno te lleva a conquistar el mundo,
el otro, a que el mundo te conquiste a ti.
son las dos maneras universales
de afrontar los problemas,
pero, mientras acusamos a la violencia
de utilizar la fuerza para imponer su voluntad,
olvidamos con demasiada frecuencia
que la conciencia también necesita de la fuerza
para convertirse en voluntad.
La conciencia exige en cada momento
que demuestres tu compromiso,
igual que la violencia exige
que cada día demuestres
que no te has pasado al enemigo.
Conciencia y violencia
son los dos caminos que se pueden seguir en la vida.
Uno te lleva a conquistar el mundo,
el otro, a que el mundo te conquiste a ti.
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