lunes, 18 de julio de 2016

Sobra energía por todos lados


María Luisa no quiere entender que la energía necesaria para que su hijo juegue a la Play es generada por una central nuclear, situada a tan solo 89 km de su domicilio.

El ministro de Energía no quiere entender la locura que supone apostar por la energía nuclear, tan solo porque el lobby del sector le ha presentado un informe-cheque a su nombre, donde se declara que todo está controlado.

Ni María Luisa ni el ministro de Energía quieren entender que las centrales nucleares generan residuos radiactivos con los que nadie quiere abonar su huerto.

Incluso hay científicos que no quieren enterarse.

Sin embargo, en el golfo de Somalia entienden totalmente la gravedad del problema desde que han empezado a aparecer extraños bidones en sus playas que nadie reclama. Y los habitantes de la zona se preguntan alarmados, ¿qué hostias habrá dentro de los bidones? Y, ¿qué clase de gente se dedica a dejar estos regalitos aquí?



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Un amigo mío quiso romper el círculo vicioso de la electricidad y se comprometió a no usarla durante el resto de su vida, pero solo aguantó 6 meses. No porque fuera duro, sino porque se quedó solo.

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