lunes, 12 de septiembre de 2016

Portugal, terra da fraternidade


1.

Hablando con un apicultor del Parque Natural de Montesinhos me dice: "Aquí prácticamente no hay varroa". Entonces entro en un estado de shock guay y me doy cuenta de que a mi alrededor no hay ningún ruido industrial ni ninguna antena de telefonía móvil. Solo un silencio tan fuerte que se oyen crecer los castaños a kilómetros a la redonda.

"De todas formas -sigue hablando el apicultor-, si alguna colmena se ve afectada, desgraciadamente lo mejor que se puede hacer es sacrificarla. Matar para sobrevivir es aceptable, pero lo que no se puede hacer es matar por avaricia".

A cinco kilómetros al oeste se oyó el estruendo del primer erizo de castaño que se abre.

2.

-¿Por qué os gusta tanto Portugal a los españoles? -me pregunta el apuesto joven portugués que está a cargo del cámping en el que trato de colarme.
-Pues porque en Portugal el dinero parece un material elástico que produce una sensación totalmente nueva y placentera.
-Ah, entiendo -responde algo decepcionado.
-Y además, porque los portugueses sois buena gente.

Entonces, por la cara del joven apuesto se desparrama una agradable y sincera sonrisa de satisfacción, que yo aprovecho para colarme del todo e instalarme como en mi casa.

3.

"Si dejamos a un lado la política, lo único que no me gusta de Portugal -me comenta un amabable cajero de supermercado de Vinhais- es que aquí nunca pierdes el control. Ahora, yo no sé qué pasa en cuanto cruzo la frontera española que me desmadro enseguida sin poder evitarlo. Hay como una energía loca que me obliga a sacar todo lo que llevo dentro y que me deja nuevo cuando regreso a Portugal".

"Claro, claro" -contesto yo con mi mejor sonrisa embaucadora, tratando de que no vea la lata de sardinas que debe de estar en alguna parte entre el paquete y los calcetines.

4.

Estoy frente a frente con una persona mayor, en una aldea que está justo en medio de ninguna parte, que podríamos llamar Fresulfe, cuya flora típica parece ser el zarzal de puta madre. Un lugar donde ni siquiera la cámara de fotos tiene cobertura. Entonces, un chavalote pleno siglo XXI como yo le digo de la manera más amable que puedo:

-¿Tío, cómo puedes vivir así, tan a la antigua? Si aquí no hay nada.

-Hombre, quizás tú no lo aprecias pero hay un montón de cosas, por ejemplo una acústica espantosa.

Para demostrarlo la persona mayor silbó los primeros acordes de la famosa canción Grandola, vila morena. Yo me quedé pensando algo así como: bueno y qué, sin darme cuenta de que en realidad estaba silbando a su colega equino, que se me acercó por detrás, me cogió de las crines y me soltó en el pilón de agua.

-Será bobo el mozo este, con 77 años que tengo, va y me dice que cómo puedo vivir así. A ver cuántos cumples tú, pimpollo siglo XXI.

Y se fue, y yo me quedé solo en el pilón, acosado por las avispas que por allí merodeaban.

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