O los humanos, gatos, perros y demás tienen alma, o ni los humanos, ni los perros, ni los gatos y demás la tienen.
Sería estupendo que Dios se tirara el rollo y nos diese la respuesta de su propia boca, para aclarar de una vez el asunto.
De momento, los, los otros y los demás podíamos ir centrándonos en cómo ostias vamos a repartir la tajada de manera que salgamos al fifty, fifty, a maquila o a lo comido por lo servido.
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