sábado, 23 de agosto de 2025

Los pies y los pulmones pusieron a la mente en su sitio

 

Porque los árboles tienen un tronco carnoso y de las manos les salen hojas y nosotros tenemos un tronco leñoso y de las ramas nos salen dedos, la mente se permite el lujo de afirmar que somos seres diferentes.

Un día, los pulmones, que se llenan con el oxígeno que desprenden y los pies, que caminan tranquilos porque las raíces afianzan la tierra que pisan, cogieron a la mente y la dejaron en el desierto sin sombrero de paja ni pellejo de cabra, para que tuviera tiempo de elaborar, a cielo abierto, mejor su teoría.

Tan solo media hora después, la pócima había hecho su efecto, y la mente empezó a tener claro que hablar de diferencias era una tontería puesto que, en realidad, estamos unidos a los árboles por un cordón umbilical al que estamos obligados a cuidar como a nuestra propia vida.

Entonces y solo entonces, los pulmons y los pieses trajeron de vuelta a la mente y la volvieron a poner sobre los hombros. Luego pusieron una hamaca entre dos árboles y todos juntos en paz y armonía pasaron la tarde balanceándose al abrigo de papá y mamá.

lunes, 18 de agosto de 2025

El cuento del tercer lechero

 

El primer lechero llegó al pueblo cargado de cántaras de leche llenas de aire, hasta que le agarraron entre unos cuantos y ladera abajo, dentro de una cápsula de aire, bajó rodando hasta el río.

El segundo lechero vino más modosito. Las cántaras de leche que traía estaban llenas de leche. Sin embargo, la situación seguía teniendo mucho danger.

-Pssh, lechero.

-Sí, caballero, ¿qué desea?

-Oye, mira, no me podrías vender a mí la leche que le vendes al vecino. Aunque sea me cobras un poco más.

-No, señor, yo no hago esas cosas. Además, ¿no le parece mejor hablarlo con el vecino y llegar a un acuerdo?

Y entre ese y el vecino, igualmente, el lechero acabó rodando hacia el río.

El tercer lechero se lo pensó mucho antes de aparecer por el pueblo. Sabía que no podía vender cántaras de aire, y también sabía que no podía pedirles a los vecinos que se entendieran entre ellos, porque desconocía la verdadera naturaleza de sus relaciones.

Ahí estaba dándole vueltas al asunto, cuando recordó que lo mejor siempre era hablarle a la gente desde el corazón. Así pues, cargó las cántaras de leche en el carro y se dirigió al pueblo. Nada más llegar, reunió a todos los vecinos y les dijo:

- A ver, cabrones, las cosas claras. Yo hago lo que me dicen las cabras y vosotros hacéis lo que os diga yo. Así todos tenemos leche. Entonces, vamos a ir haciendo una fila tranquilita para que yo pueda echar a cada brazo, su cazo, al módico precio de 0,95 centavos. Y el que quiera ir a maquila, también me vale, ando canino de magdalenas, mermeladas y buñuelos varios.

Una hora después, el pueblo despedía al lechero con una gran sonrisa, y este devolvía el saludo con la satisfacción en la cara del deber cumplido. 

Y aquí acaba el cuento y empieza la vida real. 

A 10 kilómetros del pueblo, al llegar al puente de la aduana, la sonrisa se le borró de golpe. La tarifa había subido a tres pavos, y por mucho que el lechero intentó pagarlos en horas de trabajo para el mantenimiento de la infraestructura, tenía que soltar la pasta o dormir tres días en el calabozo, y tres pavos soltó.

Todavía le quedaba un buen rato para llegar a casa. Por el camino, el lechero pensaba que podía atender a las cabras sin atosigarlas, y también que podía aguantar la tentación de hacerse con una clientela selecta que le comprara toda la leche del tirón para ahorrarse tiempo y molestias, pero cuando llegaba el puente, sí o sí, se le llevaba la corriente.

-¡No se puede con todo! Exclamó el lechero.

Entonces, recordó que entre las cántaras debía haber una bota de vino para las ocasiones y... Cuando llegó a casa, se cayó del carro lo mejor que pudo y, sin más sobresaltos, se fue trastabillando con todo lo que no le salía al paso, hasta llegar a la cama.

-¡Vaya tela! -exclamaron las cabras. Pues nada, ya que nos la ponen votando...

Las cabras se subieron al carro, se pusieron un babero para no mancharse las chubarbas y de las torrijitas al orujo no dejaron ni una.

A la mañana siguiente, cuando el lechero vio el percal no se puso nervioso. Sabía que había que aceptarlo porque con las cabras no se podía razonar. Así pues, se llenó de paciencia, cogió la manguera y las enchufó el tiro de agua para que se desperezan por la vía rápida. Cuando todas estuvieron algo más rehechas, las reunió y les dijo:

-A ver, cabronas, de la leche pallá, lo que queráis. Pero de la leche paestelao, es asunto mío. Y la que quiera cositas ricas, que se venga a lidiar con los del puente y los del pueblo. ¡¿Estamos?!

Y las cabras empezaron a hacer su vida de cabra y el cabrero abrió un cajón secreto que tenía en el carro, cerrado con una cadena, donde tenía escondidas las torrijas de leche, canela, y tiramisú y se metió en la casa a comérselas tranquilamente, mientras se tomaba un café bien cargado antes del volver al lío.





jueves, 7 de agosto de 2025

Echando una mano en la catedral que está haciendo el colega

 

Ya no se puede pasar la tarde ayudando con las manos en el mantenimiento de la antigua techumbre de la catedral de Notre Dame. Por lo visto una empresa verdaderamente profesional en el campo de las demoliciones se ha hecho cargo de la tarea, con excelentes resultados, como se ha podido comprobar.

Tampoco se puede pasar la mañana ayudando de buena fe en la construcción del nuevo techo que dure otros mil años, porque otra empresa verdaderamente importante en el campo del alto carbono se ha hecho cargo de la tarea, con la ventaja de que el nuevo techo no necesitará mantenimiento, y en caso de deterioro, se puede quitar perfectamente, tirarlo al Sena para que se lo coman los nadadores olímpicos y colocar otro nuevo en cero coma, debido a que pesa tan poco que casi se pone con las manos.

Sin embargo, todavía se puede echar una mano a ese colega que está levantando solo una catedral con lo que va encontrando. Allí sí, allí puedes pasar las tardes enteras, los mediodías y las mañanas. Y no pasa nada si te atas al andamio para echar una cabezadita, porque así te levantas en el sitio. Y si cae una chispa, nada se quema, porque la mitad de la estructura está hecha con extintores y trozos de cascos de bomberos. Y si no tienes ni idea de construcción, tampoco pasa nada, porque lo único que te preguntan, como no podía ser de otra manera, es si vienes de buena fe.

domingo, 3 de agosto de 2025

Cuando la sinceridad y el postureo se mezclan sin problemas surge...

 

Entro en una calle y me encuentro de frente con un colega un tanto renqueante. Sin darme cuenta, me entran ganas de soltarle por la boca un acto de sinceridad del tipo tío, te veo pachucho. Pero el colega se me adelanta y me dice, como otros muchos últimamente, tío, te veo mejor que nunca, de complexión y de color de cara, incluso.

Entonces oigo una voz en mi interior que me dice Bruto, echa p'atrás. Olvídate de la sinceridad, que te la están poniendo a güevo y arrieritos somos...

Efectivamente, reculo, me recompongo y me dirijo a él con ganas de darle la mejor versión de mi mismo.

-Gracias, tío. Tú estás inconmensurable. Altius, citius, fortius, como se suele decir.

-¡Qué cabrón! Si me has visto que ando un poco renqueante.

Eso me pasa por no ser sincero. Sin embargo, no todo está perdido. Quizás pueda meter más la pata, y vuelvo a por la segunda taza.

-Pero con mucho estilo. Como el que siempre has tenido en realidad.

Menos mal que el colega estaba harto de sinceridad, de que la gente le preguntara por el problema en la pierna y quería relajarse un rato.

-Tío, si no fuera por estos ratos donde el postureo y la sinceridad se mezclan sin problemas, ¡qué sería de la civilización!

-Ya te digo, sinceridad y postureo mezclados. Alquimia pura para la buena vida...

Estuvimos en ese plan unos diez minutos de risas, bautizos y abrazos. Luego, él se fue a la piscifactoría a darse un baño, porque dice que hay menos gente, y yo me fui a la peluquería canina a que me arreglasen las chubarbas como al perro de san Bernardo, porque me viene muy bien para llevar la petaca.

jueves, 31 de julio de 2025

El alma quiere para ella toda la cama

 

Por las mañanas lo doy todo por ver a Dios en todas partes, y por la noche, el alma solo quiere la cama. 

En el ínterin, es posible que llame Diego a quien me había dicho que se llamaba Alfredo, y que llame Don Hinodoro a alguien que es claramente un nota.

También puede pasar que un par de chavales salven sus vidas gracias a mi intervención espontánea, cuando las criaturas cruzaban imprudentemente la vía pública, queriendo alcanzar un balón más juguetón que ellos.

Puede pasar también que un turista despistado con verdaderas ansias de tomarse un café, churros y cachiporras a las cuatro de la tarde, reciba de mi parte una muestra de sinceridad local al contestarle ni puta idea, si quieres que te diga la verdad.

Por las mañanas me esfuerzo  por ver a Dios en todas partes, pero no sé qué ostias pasa por el camino, que cuando llega la noche, el alma expulsa al cuerpo al paraíso porque quiere para ella toda la cama.