El destino es un material que admite horas de forja
Le echaron del trabajo, del piso, le dejó su pareja y le picó una avispa. Empezó a beber, continuó bebiendo y acabó por los suelos, en los servicios de una estación de autobuses solo de ida. Pero tuvo suerte y le pudieron administrar a tiempo una agresiva terapia de fotoshop que le dejó como nuevo, y desde entonces comenzó a forjarse su propio destino. Ahora goza de la pareja, ha construido un hogar, frecuenta la compañía de las abejas y solo prueba el alcohol cuando le obliga su trabajo de catador de buen vino.
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